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Obesidad


Obesidad
La obesidad se define, estadísticamente, como un sobrepeso superior al diez por ciento en relación con el peso teórico de un individuo. Desde un punto de vista fisiopatológico, o sea, haciendo referencia a los mecanismos de producción de tal situación, la obesidad viene dada por un exceso de energía potencial ingresado en el organismo, que no queda liberado con la cantidad de energía real desarrollada en forma de trabajo. Este exceso de energía ingresada sobre energía realizada puede deberse a un exceso de alimentación, una disminución en el dispendio de energía, o a ambas cosas a la vez.
Es labor del médico decidir cuál es el origen de la obesidad de cada paciente y dictaminar las medidas terapéuticas eficaces en cada caso. Esto es importante porque se sabe que la obesidad viene unida, con mucha frecuencia, a otras enfermedades, como son la diabetes, la hipertensión, la insuficiencia cardiaca, la arteriosclerosis, la gota, la litiasis biliar, etc., de las que puede ser expresión, complicación o factor desencadenante.

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ANGIOMA, CAPARROSA y CLOASMA


ANGIOMA

Son unas manchas rojizas o amoratadas, conocidas vulgarmente como “antojos”, tal como veremos en el capítulo Cirugía plástica reparadora y estética.
Existen muchas variantes de estas formaciones, pero generalmente son debidas a la multiplicación anormal de pequeños vasos sanguíneos. Si por su situación o extensión afean ostensiblemente, el dermatólogo o el cirujano plástico pueden, en la mayoría de los casos, librarnos de este defecto. Existen también maquillajes especialmente formulados para cubrirlos totalmente.

CAPARROSA

Ya hemos hablado de ella al describir el cutis sensible. La dilatación de los capilares sanguíneos de la dermis origina la formación de unas manchas rojizas que, de forma difusa, suelen asentarse preferentemente en los pómulos. Si la caparrosa se acentúa puede llegar a invadir todo el rostro. Ordinariamente se recrudece con la edad, en especial cuando la mujer entra en la menopausia. No se trata de un defecto excesivamente preocupante, siempre que la piel se cuide con productos anticongestivos y se supriman las comidas y bebidas excitantes. Sólo en casos muy avanzados es precisa la intervención del doctor.
CLOASMA

Son unas manchas parduscas que suelen aparecer en la cara de las mujeres embarazadas y que generalmente remiten cuando nace el bebé. Si ello no sucede, existen tratamientos muy eficaces que las borran completamente, como por ejemplo élpeeling cosmético, que se realiza en el Instituto de belleza, y que más adelante comentaremos con detalle. Si alguna mujer no embarazada observa en su rostro la misma anomalía, debe consultar con su médico de cabecera. En este caso probablemente se deba a un origen hepático y, normalizando el funcionamiento del hígado, se consigue la desaparición de las manchas.

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EL pH DE LA PIEL


Teniendo en cuenta que este libro no es, ni pretende ser, un tratado de dermatología, más que del pH de la piel, nos interesa hacernos una idea sobre el que existe en el manto emulsionado de la misma. Pero vayamos por partes: ¿qué es en realidad el pH? Regresemos de nuevo a nuestros años escolares y hagamos otro poquito de memoria sobre lo estudiado entonces. Consultando una enciclopedia encontraremos que el símbolo pH es la abreviación de potencial hidrógeno, es decir, el coeficiente que determina el grado de acidez de una solución. Para determinar esta graduación, se ha establecido una escala convencional que va del 0 al 14, y se subdivide de la siguiente forma: los valores comprendidos entre el 0 y el 6 indican acidez, el 7 significa neutralidad, mientras que las cifras integradas entre el 8 y el 14 denotan una reacción alcalina.
La secreción de las glándulas sebáceas es de reacción alcalina, mientras que la de las sudoríparas ecrinas es acida. Teniendo esto en cuenta, y dado que es mayor el número de éstas (las más pequeñas y numerosas de la superficie corporal), llegaremos a la conclusión lógica de que, si ambas segregan al ritmo adecuado, la piel se hallará protegida por un manto ligeramente ácido (manto emulsionado), cuyo pH puede oscilar entre 4,50 y 6, habida cuenta de que existen además factores complementarios —raza, sexo, edad— que condicionan el mismo. Esta acidez obra como defensa antibacteriana. De ahí que las pieles grasas, siempre más alcalinas que las secas (¿deducimos el porqué?), sean las más afectadas por agresiones de tipo infeccioso, que se traducen en los odiados granitos de acné.

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