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Como cultivar la voluntad


Un viaje de mil millas empieza con un paso.
Cultivar la voluntad significa darle importancia a las pequeñas cosas cotidianas. Estas son la mejor medida para evaluar los progresos y la perseverancia en el entrenamiento de esa facultad. Meditar cada día, ir a trabajar, cuidar nuestro cuerpo, aprender de las equivocaciones, volver pacientemente al camino cuando nos hemos apartado de él… son las bases de los grandes logros.
Ahora bien, una cosa es comprender un concepto con la mente y otra distinta llevarlo a la práctica. Más aún si eso implica cambiar hábitos y pautas de conducta profundamente arraigados.
Un método para conseguirlo, curiosamente, es fijarse en las palabras. Si nos hablamos con la suficiente convicción y claridad podemos influir en el ánimo. Esa es la base de algunas modernas terapias, como la Programación Neurolingüística (PNL), que emplea cambios en el lenguaje interno para modificar el comportamiento.
Un experto en PNL afirmaría «dime CÓMO hablas y te diré cómo vives», porque las palabras crean nuestra realidad. Nuestra voluntad está influida por lo que pensamos y lo que nos decimos. La palabra tiene el poder de llamar a las cosas por su nombre, evocar recuerdos y crear proyectos futuros. La voluntad nos ofrece la llave para convertirlos en realidad.
En la India la mente suele compararse con un mono caprichoso que salta de rama en rama, con un parloteo incesante. Siempre en busca de nuevos estímulos, dispone de mil trucos para justificar todas sus decisiones. La pereza, la dispersión, el dejar las cosas para mañana, las adicciones… nunca falta un pretexto en que apoyarse. Por eso cultivar la voluntad es tanto como querer encauzar la mente. Necesitamos domesticar esa energía, ponerla a nuestra disposición, como un caballo bien entrenado que se deja conducir sin abandonar el camino.
¿Pero cómo lograrlo? La PNL propone trabajar con el lenguaje, que precisamente por ser una de las grandes creaciones de la mente ofrece también una vía directa a ella.
A veces nuestro propio lenguaje es el primer responsable de que no seamos capaces de alcanzar nuestros deseos. Al trabajar la voluntad hay toda una serie de palabras que es mejor ir evitando. La PNL las clasifica en cuatro categorías:
• Cuantificadores Universales: Cuando los utilizamos ignoramos partes de nuestra experiencia. Son palabras como: siempre, todos, cada vez, nunca, ninguno, jamás. Si decimos: -Siempre me sucede lo mismo», ¿estamos diciendo realmente la verdad?
• Cuantificadores limitantes: Con ellos ignoramos una parte de nuestra experiencia. Sucede así con palabras como: sólo, solamente, no/nada más, únicamente. Al decir: «Sólo quieres hacerme daño», ¿estamos seguros de que el otro sólo quiere eso?
• Imposibilidad: Hay palabras que reducen automáticamente nuestras opciones: no puedo, es imposible, no es factible, no es viable. Si decimos: «No puedo aguantar más, tengo que tomar una copa», ¿qué pasaría si no lo hiciéramos?
• Generalización: Al hablar de esa formas trasladamos las características a todo un grupo de personas: los vascos, los ricos. Si decimos: «Ya sabes cómo son los artistas», ¿estamos seguros de que todos los artistas son iguales?

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