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PROTEGER LA PIEL
PROTEGER
Durante el día la piel debe estar protegida por una fina película de acción suavemente hidratante, de manera que no impida la función respiratoria, respete su pH, si es normal, y lo equilibre si no lo es, y la defienda de los agentes atmosféricos (viento, sol, frío), del polvo e impurezas ambientales, e incluso del colorante de los maquillajes. Sirve además de soporte del maquillaje, al que proporciona uniformidad de aplicación y aspecto inalterable y duradero. Este producto, que debe cumplir tales funciones, recibe el nombre genérico de base. Es preciso que se le preste mucha atención, puesto que constituye uno de los factores fundamentales para el buen aspecto de nuestro cutis.
Todavía hay quien tiene la idea errónea de que solamente deben usar bases protectoras las pieles que se maquillan. Posiblemente existe cierta afinidad entre esta confusión y la que citábamos al hablar de los productos limpiadores. Es fácil que una se pregunte
”¿ Por qué desmaquillarme, si no uso maquillaje?”, apreciación comprensible si tenemos en cuenta la falta de información.
Lógicamente es imprescindible el empleo de una buena base protectora para que el maquillaje resulte natural y bien distribuido. Pero no es menos cierto que el cutis, durante toda la jornada, está expuesto a cambios bruscos de temperatura que lo secan y deshidratan, así como a la acción nociva de las impurezas de la atmósfera, que lo ensucian y contribuyen a obstruir los poros. Todo esto puede paliarse con el uso de una base invisible. Ésta forma una especie de barrera impalpable que, al mismo tiempo que protege, proporciona a la piel una agradable sensación de frescura y elasticidad, tanto si se maquilla, como si no. Resulta pues evidente que todas las pieles necesitan protección diurna; pero también importa mucho la acertada elección del producto que, si bien no debe faltar en el tocador de ninguna mujer que se cuida, puede resultar contraproducente en caso de no usar el adecuado a cada tipo de piel.
ACNÉ
Aunque existen numerosas variantes de esta afección, y pueden ser muchas las causas internas que la determinen, vamos a limitarnos a describir el más corriente, el que sufren los adolescentes (por lo que se conoce como acné juvenil). Se da preferentemente en los casos de cutis graso. Se trata de una inflamación producida al estancarse el exceso de grasa en los folículos pilosebaceos (poros), lo que origina el punto negro o comedón y constituye casi siempre el “prólogo” del acné. Más adelante los comedones se infectan y se convierten al principio en granos duros y encarnados, en los que aparece lentamente una punta de pus. Se asienta generalmente en la cara y en la espalda y, sin que deba jamás obsesionarnos ni acomplejarnos el hecho de sufrirlo, sí que conviene prestarle rápida atención, que será tanto más eficaz cuanto con mayor presteza hayamos acudido al dermatólogo ante sus primeras manifestaciones. ¡Ah!, y nada de “estrujones” por nuestra cuenta.
Etiquetas: productos naturales, recetas caseras de belleza, reference belleza, revista belleza, revistas belleza, revistas de bellezaLas glándulas sudoríparas
En la línea imaginaria que separa la hipodermis de la dermis existen una especie de ovillitos de microscópicas tuberías que, como si se fueran desenrollando, atraviesan ondulantes la dermis y la epidermis y desembocan al exterior por unas no menos microscópicas aberturas, que son los poros propiamente dichos. Nos estamos refiriendo, naturalmente, a las glándulas sudoríparas, que son las encargadas de elaborar este líquido tan “poco romántico” y sin embargo imprescindible fisiológica y también estéticamente (¡quién lo diría!), que es el sudor. En efecto, el sudor regula la temperatura del cuerpo, elimina toxinas y residuos celulares y, tal como hemos comentado anteriormente, forma en unión de la grasa expulsada al exterior por los orificios pilosebáceos el manto emulsionado del cutis. Cuando este manto está debidamente equilibrado, es decir, cuando la secreción sudoral y sebácea se produce a ritmo adecuado, determina una tan perfecta protección para la piel que, salvo complicaciones de orden patológico, le garantiza en un elevado tanto por ciento su radiante y saludable aspecto. Sin embargo, a fuer de sinceros, es preciso que aclaremos que esto no suele ocurrir con demasiada frecuencia. La secreción sudoral está controlada por el sistema nervioso autónomo, y las actuales condiciones de vida no son precisamente las más idóneas para su regular desenvolvimiento. Afortunadamente, la ciencia cosmética ha dado con el paliativo para cuando se presenta esta disfunción: las innumerables y cada día más objetivamente formuladas bases protectoras, de las que más adelante hablaremos con detalle. Existen dos clases de glándulas sudoríparas: las ecrinas, más pequeñas y numerosas, que se encuentran repartidas por la superficie del cuerpo y que elaboran un sudor fluido, acidó y normalmente inodoro (siendo además las que verdaderamente contribuyen a la belleza de la piel); y las apocrinas, que se hallan localizadas en determinadas regiones corporales (axilas y genitales, por ejemplo) y destilan un líquido turbio, de reacción alcalina, muy propenso a enranciarse. Este líquido es uno de los culpables de los desagradables “olores corporales”, no preocupantes ya en la actualidad, puesto que contra los mismos existen los eficaces desodorantes que, no olvidemos nunca esto, han de ir imprescindiblemente apoyados en los sólidos cimientos de una rigurosa limpieza.
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