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Consejera belleza


Consejera belleza.
Vamos a ver qué podemos esperar de una consejera inteligente, a la cual la mujer se acerca, siempre con agrado, en busca de productos y consejo.
He aquí algunas de sus cualidades básicas:
1.°   Amabilidad y discreción.
2.°   Preparación técnica. Es imprescindible un bagaje de conocimientos sobre la piel y su mecanismo, así como acerca de los productos que vende, sus particularidades, sus componentes (esto último, sólo como dato), todo ello en relación con las necesidades de cada tegumento.
3.°   Si ha cursado estudios de estética y visajismo será capaz de aplicar con buena técnica cualquier tipo de cosmético, así como efectuar un maquillaje respetando la armonía de los colores, etcétera.
4.”   No debe presionar la venta. Esto no significa que no deba sugerir cosas que la cliente puede haber olvidado anotar en su lista de compra.
5.°   Si es vendedora a domicilio, saber retirarse a tiempo.
6.°   Es muy apreciable el recoger un producto que se haya demostrado no resultar beneficioso.
7.°   Empleará un léxico apropiado en el que se hará uso de
palabras técnicas inteligibles, sin ser pedantes.
8.°   Usará argumentos de venta convincentes, y asi no necesitará engañar.
9.°   Sabrá escuchar a su cliente.

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Consejera de belleza


CUALIDADES DE LA CONSEJERA DE BELLEZA.
A veces se oye lamentarse a la mujer de su rotunda decepción. Se le ha derrumbado la fe puesta en la vendedora de cosmética de una perfumería, de la sección de unos grandes almacenes o de visita a domicilio, por el abuso que ha hecho de la confianza depositada en ella. Esto es frecuente y doloroso. Porque no existe mayor desconsuelo que sentir el ridículo papel que se hace al adquirir un sinnúmero de productos, muchos de ellos innecesarios, cuando no inconvenientes. Después de tal compra, el amor propio y la economía sufren las consecuencias de la desconsideración. Bien es verdad que en cualquier ocupación existen las personas con ética y las desaprensivas. En el terreno de la venta esto se detecta con cierta prontitud. Basta verse desalentada, sentada frente al tocador sin saber por cuál mágico cosmético, que se nos ha proporcionado casi por kilos, empezar el rejuvenecimiento.
La vendedora, hoy llamada consejera, debe responder a esta segunda denominación y, en consecuencia, insistir sólo lo imprescindible, y no ver en su cliente el “pez” que pica ante sus sugestivas palabras, evocadoras de imposible juventud eterna.

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