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Cutis asfixiado


Podría decirse que cuantas personas vivimos en una gran ciudad poseemos, en mayor o menor grado, esta característica epidérmica. Posiblemente la expresión de “asfixiado” parezca excesivamente rotunda para la anomalía que vamos a describir. No obstante se trata de una denominación corrientemente usada en lenguaje profesional, más por su valor descriptivo que por su acepción intrínseca. Un cutis asfíctico puede ser graso o seco, desvitalizado o sensible. Esta anomalía aparece cuando la piel no realiza su labor respiratoria con plena libertad. La polución atmosférica, las cremas excesivamente grasas o, por el contrario, los productos demasiado re:ecantes que tantas veces se aplican como tratamiento de una piel grasa, siguiendo un antiguo y equivocado criterio, pueden entorpecer la normal fluidez de la secreción sebácea, con la consiguiente obturación de los poros. Por otra parte, en los cutis asfícticos puede deberse esta anomalía a la deficiente aportación de oxígeno que les acarrea un riego sanguíneo subepidérmico insuficiente. En todo caso, el resultado final es que la piel no respira satisfactoriamente. Este defecto se traduce en un aspecto granuloso, con diminutos quistes que no pueden eliminarse por presión, mal color y, en ocasiones, descamación. A primera vista podría confundirse la descamación propia de la piel falta de humedad, pero se diferencia de ésta en que las escamillas son de sebo endurecido, lo que podremos comprobar fácilmente si las comprimimos sobre una superficie dura.

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Las glándulas sebáceas


Pertenecen, junto con las glándulas sudoríparas, las uñas y los pelos, a los llamados apéndices cutáneos. Se hallan localizadas en la dermis, en donde forman una especie de racimos cuya misión es la de segregar una materia grasa que acompaña al pelo en su camino hacia el exterior. Facilitan así el deslizamiento del pelo por el folículo piloso, que viene a ser como el canal por el que emerge a la superficie a través de los orificios pilosebaceos, llamados corrientemente poros. Esta materia sebácea tiene una enorme importancia para la estética cutánea, puesto que una vez depositada en la parte externa de la capa córnea, forma en unión del sudor, el manto emulsionado de la piel, de cuyo equilibrio depende en ocasiones la belleza e incluso la salud. Estas glándulas se encuentran repartidas por casi toda la superficie del cuerpo. Posiblemente donde más abundan es en el rostro, careciendo de ellas, por el contrario, las palmas de las manos y las plantas de los pies.

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