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Los aditivos alimentarios
Los aditivos alimentarios.
Tienen mala fama, pero en realidad sin conservantes o antioxidantes no podríamos consumir muchos de los alimentos que tomamos habitualmente.
Buenas:
Se añaden a los alimentos para mejorar sus propiedades o su sabor, para que se conserven durante más tiempo, para endulzar…
Los conservantes son esenciales en alimentos como quesos, carnes y pescados, ya que evitan la descomposición por bacterias, hongos y demás microorganismos.
Los antioxidantes, como su nombre indica, impiden la oxidación y el sabor rancio de los alimentos.
Si se usan bien, no suponen ningún riesgo para la salud.
Los nitratos y nitritos de muchas conservas evitan una bacteria nociva causante del botulismo.
No tan buenas:
No tienen ningún valor nutritivo.
En cantidades inadecuadas pueden crear problemas.
Ciertos colorantes o edulcorantes como el aspartamo tienen que ver con problemas de salud como la obesidad o la hiperactividad infantil.
El colorante tartracina causa alergia en los asmáticos, y el amaranto es cancerígeno.
En cuanto a los conservantes, el E-220 en algunos casos puede provocar asma, dolor de cabeza, nauseas, problemas digestivos…
Determinados antioxidantes (E-310, 311,312,320 y 321) están prohibidos en la elaboración de los alimentos infantiles.
Aditivos alimentarios
Los aditivos alimentarios son tóxicos.
El empleo de aditivos para conservar alimentos es tan antiguo como las civilizaciones y gracias a ellos los humanos hemos podido comer sin enfermar por culpa de parásitos y bacterias que proliferarían en los alimentos si no les añadiéramos conservantes. En cuanto a los aditivos para mejorar el color y el sabor, la legislación europea es lo bastante severa como para no dar luz verde a aquellos que no pasen diversas y rigurosas pruebas de toxicidad.

