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Aire, sol y agua para la belleza
Aire, sol y agua
El contacto con la naturaleza, el aire libre, han sido prescritos siempre como panacea de la belleza. Como elemento purificador, el aire actúa directamente sobre la piel y sobre todo el organismo a través de los pulmones. Para quienes viven habitualmente en los ambientes contaminados de las ciudades, la permanencia al aire libre y si es posible en zona de altura, aunque sólo sea por unas horas, constituye una cura cuya incidencia se nota incluso días después.
El estímulo del sol sobre el organismo es poderosísimo: sintetiza importantes vitaminas a nivel de la piel, e influye beneficiosamente en la circulación sanguínea, en la calcificación de los huesos, etc. Pero debe ser tomado con grandes precauciones.
La composición cromática del sol varía en función de la hora, la altitud y la latitud terrestres, el estado de la atmósfera, etc. También la receptividad de las personas es distinta según la edad y tipo de piel. En general, las horas de máxima actividad del sol se sitúan entre las ocho y doce, hora solar, y las posibilidades del organismo humano se limitan a no más de unas tres horas de exposición. El dar tablas o tiempos de permanencia sirve de poco si no se conjugan en ellas todos los factores concurrentes.
Utilizar cremas que eviten o corrijan la fuerte deshidratación y congestión cutáneas es aconsejable siempre. El uso de bronceadores o aceleradores de la pigmentación es en cambio peligroso y desaconsejable, los simples filtros solares sirven para alargar un poco el tiempo de exposición solar.
La hidroterapia de los baños al aire libre, complementaria en gran parte de la acción solar y del ejercicio de la natación, favorece también al organismo, actuando de un modo específico e inmediato sobre la circulación sanguínea. Apenas tiene más contraindicaciones que las impuestas por la falta de hábito, y muchas de las prohibiciones indicadas son pura cuestión de costumbre. En general deben evitarse las impresiones fuertes por el cambio de temperatura y las aguas demasiado frías.
Aparatos para la belleza y estética de la mujer
Generador de alta frecuencia provisto de distintos electrodos: “peine” para tratamientos del cuero cabelludo (1); rodillo de efectos sedantes (21; varilla para masaje indirecto (31; electrodo de curvado especia/ para tratamiento del cuello (41; electrodos en forma de hongo para el rostro (5) (6); mango portaelectrodos (7).
En este caso se denomina electrodo al elemento “puente” de que se sirve la esteticista para la racional utilización del aparato, teniendo en cuenta el efecto respectivo que pretende obtener del mismo. Si, por ejemplo, busca una acción meramente desinfectante, acoplará al mango una varilla de vidrio en forma de hongo, que deslizará por el rostro de la paciente, sin interposición de crema alguna. Si lo que pretende es estimular, levantará ligeramente el electrodo e irá percutiendo con suavidad sobre la zona que interese activar. Para ayudar a la penetración de un producto pasará el “hongo” de vidrio por el cutis, previamente ungido con la sustancia en cuestión.
Existe un electrodo, al que se llama rodillo (en realidad su forma explica gráficamente el porqué de tal denominación), que, debido a su fabricación especial, actúa como sedante en pieles sensibles, con caparrosa o aquejadas de alguna irritación pasajera. En este caso sus efluvios son de color anaranjado, debido a la presencia de gas neón.
Con ayuda del aparato de alta frecuencia se realiza así mismo una maniobra especial, denominada tratamiento indirecto, para la cual se acopla al mango una varilla que es sostenida por la paciente. En esto caso son las manos de la esteticista los verdaderos “electrodos”, al formar lo que podríamos denominar un campo eléctrico. Durante los breves minutos (no más de 10) que dura esta manipulación, la esteticista ha de practicar el masaje adecuado al tipo de piel que está tratando, a la que proporcionará, de este modo, una estimulación profunda de su actividad celular. El masaje indirecto suele incluirse dentro de los tratamientos periódicos de regulación de pieles flaccidas, desvitalizadas, asfícticas o extrasecas, empleando para cada caso la crema adecuada a sus características individuales.

