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Cutis con problemas


Si observamos en la piel alguna imperfección más antiestética que las enumeradas hasta el momento, sea en forma de granos, ulceraciones o importantes defectos de pigmentación, por citar algunas, es evidente que nos encontramos ante un caso que, por determinarlo de una forma genérica y gráfica, se ha dado en llamar cutis con problemas. En determinados tratados de estética se circunscribe esta denominación al caso concreto del acné. No obstante pensamos que puede resultar interesante englobar en este apartado aquellas lesiones cutáneas más corrientes, entre las que presentan caracteres de origen patológico, con el fin de orientar a quien las padece hacia una racional ofensiva contra las mismas. Es preciso en estos casos otorgar nuestra confianza a la labor de equipo que con tanto éxito realizan el dermatólogo, el cirujano plástico y la esteticista. Pretender solucionar una enfermedad del tegumento (¡fuera pesimismos, que aquí nadie habla de gravedad, ni mucho menos!… un lunar podría ser considerado como enfermedad pigmentaria, y a pesar de ello, ¿cuan gracioso no resulta si se halla estratégicamente colocado?) con tratamientos ño individualizados resulta pueril a estas alturas, lo que para una persona es eficaz, puede ser del todo contraproducente en otra que aparentemente esté aquejada de la misma lesión; muchas anomalías cutáneas son reflejo de irregularidades internas, y éstas es el facultativo quien debe curarlas, dejando para la esteticista la labor complementaria de embellecer aquella piel que, gracias a su acertado tratamiento, está sanando. Para una mejor orientación, pero solamente para esto, es decir sin otro ánimo que el puramente orientativo, anecdótico si se quiere, vamos a esbozar las características más patentes de las anomalías cutáneas que, como antes comentábamos, pueden considerarse de orden patológico y, determinantes, por consiguiente, del “cutis con problemas”

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Cutís graso


Más corriente en la juventud, pueden tenerlo también algunas personas que ya la dejaron atrás. Es de fácil reconocimiento por su aspecto oleoso, debido a la exagerada producción de aceites por parte de las glándulas sebáceas. Presenta poros dilatados, que le confieren el clásico parecido con la piel de una naranja, y puntos negros, especialmente presentes en nariz y barbilla, y que con frecuencia se infectan, formando espinillas que si proliferan demasiado pueden transformarse en acné. Esto es debido a que su pH tiende a la alcalinidad y carece de la adecuada defensa acida. Podría parecer que quienes tienen esta piel gozan de una especie de seguro de juventud, ya que el sebo que la recubre ha de impedir la formación de arrugas; pero ésta es una opinión muy discutible. En principio cabe la posibilidad de que retarde en algo la aparición de las arrugas puramente superficiales. Pero no ocurre esto con los verdaderos surcos de vejez, que dependen de la elasticidad de la dermis y que, contrariamente a una opinión bastante generalizada, es en estos cutis donde más se detectan, puesto que la textura de los mismos es gruesa, basta y, consiguientemente “pesada”.

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Cutis normal


Aunque parezca paradójico es, aparte el de los niños, el menos frecuente de todos. En él todas las funciones de la piel se desarrollan a buen ritmo, sin que las afecte tampoco ninguna anomalía de origen interior. Su aspecto es nítido y aterciopelado, y el color es saludable, con poros apenas visibles, y ausencia de arrugas, puntos negros, granos y escamillas. Es agradable al tacto y puede presentar un ligerísimo brillo en la frente, nariz y mentón, porque en estas zonas es normal que exista una mayor actividad de las glándulas sebáceas. Su pH suele ser de 5,50.

La piel de un niño constituye el claro exponente de un cutis normal, que, paradójicamente, es el menos frecuente de todos los cutis cuando la infancia se ha dejado atrás.

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La dermis


Es la capa intermedia de la piel, formada por un enrejado de fibras elásticas de tejido conjuntivo. Posee, a diferencia de la epidermis, vasos sanguíneos y terminaciones nerviosas. De su estado depende en gran parte la buena apariencia del cutis, ya que es esta capa la encargada de mantenerlo firme, terso y libre de arrugas y surcos.

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