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Endurecer el seno
También en la recuperación de la estética de los senos tras el parto puede hacerse algo con la ayuda de productos adecuados. Obsérvese que esto no está en contradicción con lo que se dirá en el apartado correspondiente. Aquí se trata de “recuperar” algo modificado incidentalmente por una situación fisiológica pasajera. Fuera de lo dicho, y de los cuidados faciales ya apuntados en otra parte, el instituto de belleza no tiene más campo de acción en lo que se refiere a la situación de embarazo y sus consecuencias.
Existen tratamientos que pueden fortalecer y endurecer el seno, especialmente indicados para los senos flaccidos y caídos.
Lámpara solar aparato de belleza
Este aparato puede constar de uno, dos y hasta cuatro focos, según sea la superficie que se pretenda abarcar en una sola exposición. Se trata de una lámpara que emite radiaciones infrarrojas y ultravioleta —en este caso sí que es apropiado el prefijo “ultra”— combinadas de forma parecida a la de los rayos solares, a los que en realidad imitan. De ahí que se le conozca comúnmente como el sol artificial.
Teniendo presentes una serie de precauciones que la esteticista conoce muy bien, y que varían para cada caso (lo cual es muy importante, por lo que, como ya hemos aconsejado en otras ocasiones, es preciso dejar al criterio de la profesional la combinación y duración de las sesiones), estas radiaciones proporcionan un bronceado muy estimable, y contribuyen a la desinfección y saneamiento de las pieles grasas y con tendencia al acné.
Sería pueril exigir efectos espectaculares tras una primera exposición, pueril y peligroso además. Recordemos para ello las quemaduras tan molestas que nos depara el primer día de playa en el que, por querer ponernos rápidamente morenas, hemos permanecido demasiado tiempo al sol. Y era sol “natural”, no “concentrado”, como el de la lámpara de cuarzo.
Doce o quince sesiones a días alternos, recibidas con la piel bien preparada, los ojos protegidos y plena confianza en quien las controla, podrán darnos ese tono dorado que nos hace “pisar seguras” la arena de la playa en nuestro primer día de vacaciones. También es un buen recurso para prolongar el tono tostado de nuestro cuerpo y rostro más allá de los días estivales. Pero, repetimos, siempre siguiendo las instrucciones de la esteticista, que por conocer la calidad de nuestro cutis sabrá cuántos minutos precisamos, a qué ritmo hay que irlos aumentando y cuándo es oportuno finalizar el ciclo de las sesiones.

