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Cuidados pre y post parto
Cuidados pre y post parto
La esteticista debe conocer en todo momento la situación de embarazo de su paciente o cliente. No es preciso extenderse en consideraciones que lo justifiquen. Fácilmente se comprenderá que puede haber tratamientos corporales inadecuados, o que otros pueden serlo si no se toman las debidas precauciones.
Cuando el médico establezca algún tipo de ejercicio específico de preparación al parto, éste puede realizarse en un instituto de belleza, así como los señalados para recuperación posterior. En este último caso cabe también indicar la aplicación de masajes y de otras técnicas encaminadas a la remodelación del cuerpo.
En lo referente a las modificaciones morfológicas del cuerpo durante el embarazo es preciso advertir sobre un cuidado de cierta importancia. Nos referimos a la prevención del estriado. El aumento de volumen de la región abdominal obliga a la piel a una dilatación desmesurada. La superficie de la epidermis resiste, pero el tejido conjuntivo más profundo se escinde, dando origen a una especie de grietas internas. Cuando tras el parto el vientre recupera su volumen, aquellas grietas se aprietan, tomando el aspecto de irregulares costurones. El fenómeno no sólo se produce en los embarazos, sino también en los casos de simple obesidad, que fuerzan a la piel a un estirado anormal. El estriado puede prevenirse mediante el uso diario de cremas o emulsiones, que un suave masaje dérmico hará penetrar, a fin de facilitar la flexibilidad de los tejidos celulares. Pero cuando el estriado se ha producido, sólo la cirugía estética puede darle un cierto remedio.
Lámpara de rayos infrarrojos
La estimulación profunda de la actividad celular medíante el llamado “masaje indirecto” es de gran interés para el tratamiento periódico de pieles flaccidas, desvitalizadas, asfícticas o extrasecas.
Lámpara de rayos infrarrojos
No debe confundirse la lámpara solar que, tal como acabamos de describir, combina la emisión de rayos infrarrojos con la de ultravioleta, con un simple foco de radiación infrarroja. Este aparato es muy estimable en estética, aunque en ocasiones se interpretan mal sus propiedades. Los rayos infrarrojos tienen acción calórica, pero por sí solos no llegan a broncear ni a desinfectar. Se emplean para provocar una mayor afluencia de sangre en la región expuesta a las radiaciones. La piel se colorea de rojo, se calienta y, por estas razones, absorbe mejor el producto que en aquel momento se le aplica.
Lógicamente existen tipos de cutis para los cuales no son oportunas estas radiaciones, como por ejemplo una piel con caparrosa, en la que el recalentamiento que proporciona recrudecería la anomalía circulatoria que la caracteriza. Otras pieles no lo precisan de manera especial o sólo les conviene en casos esporádicos. Pero tales matices, que se deben de tener en cuenta en este y en la mayoría de aparatos, son siempre de incumbencia profesional y escapan, por tanto, de la intención meramente informativa que rige esta obra.

