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Los desórdenes de la alimentación
Los desórdenes de la alimentación
Estos problemas pueden resultar muy difíciles de reconocer, porque las personas que sufren algún desorden alimentario a menudo niegan tener un problema, o han perdido de vista temporalmente la realidad, e intentan ocultar su comportamiento. Si la familia o los amigos se han dado cuenta de que la persona está comportándose de manera preocupante, tal vez necesiten mostrarse bastante persistentes para lograr que esa persona busque ayuda.
Entre los síntomas que podrían indicar un problema se encuentran los siguientes:
• Extrema pérdida de peso y negación de que es necesario recuperarlo.
• Ir al cuarto de baño después de comer y pasar mucho tiempo en el mismo. Hacer correr el grifo o accionar la cisterna para disimular que se está vomitando.
• Miedo abrumador a engordar.
• Hacer régimen constantemente para adelgazar.
• Obsesión por la comida: pensar y hablar de ella todo el tiempo.
• Imagen poco realista del propio cuerpo: sentirse gorda siempre y no ser capaz de ver que el peso actual es el normal para una.
• Evitar las situaciones sociales en las que haya que comer o decir «acabo de comer» incluso cuando no es cierto.
• Excederse con el ejercicio.
• Pesarse una vez al día o con mayor frecuencia.
• Incapacidad para concentrarse o pensar con claridad; depresión.
HIGIENE PERSONAL PARA UNA BUENA BELLEZA CORPORAL
HIGIENE PERSONAL
La higiene personal está justificada desde tantos puntos de vista que intentar mencionarlos sería necio. La conservación de la estética es simplemente uno de ellos.
Si no hemos empezado por hablar de lá higiene es porque, en la mujer especialmente, une a las prácticas profilácticas el uso de una abundante cosmética. Así, la higiene femenina reúne en feliz conjunción lo imprescindible a la naturaleza fisiológica y lo necesario a la belleza convencional, o sea, la aplicación personal de los recursos de la cosmética. Veamos cómo.
Dejando a un lado las particularidades de cabeza y rostro, ya tratadas anteriormente, todo nuestro cuerpo, centímetro a centímetro, requiere unas atenciones cotidianas de higiene y de estética que aquí vamos a tratar conjuntamente, ya que están íntimamente correlacionadas. Conviene hacerlo así por consideraciones de sencillez y ahorro de tiempo. Tras la jornada y antes de entregarse al descanso, el baño de agua a temperatura no superior a la del cuerpo —o sólo ligeramente superior— une a los aspectos de limpieza, efectos relajantes muy apreciables. Al agua pueden añadirse sales perfumadas que aumenten la sensación confortable. Para la limpieza, la elección tradicional está entre jabones y geles. Unos y otros tienen una acción desecante nociva para la piel, y que se aprecia desde el momento que se produce el secado —tirantez—. Este efecto puede compensarse aplicando una leche hidratante inmediatamente después de habernos pasado la toalla, nunca crema, porque la sensación de quedar pringosa anularía la acción sedante. Sin embargo la mejor solución consiste en sustituir el jabón o gel por una crema especial para baño, que se aplica a todo el cuerpo antes de meterse en el agua. Con ella se consigue aumentar los efectos detergentes, hidratantes y relajantes, quedando la piel admirablemente suave.
Al tiempo que se toma el baño, puede friccionarse la epidermis con ayuda de una manopla vegetal, a fin de favorecer la limpieza profunda de la piel y estimular el riego sanguíneo. También, y durante el tiempo de inmersión, cabe pasar la piedra pómez por las uñas y durezas o callosidades.

