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Proteger una piel extraseca y envejecida


A una piel extraseca y envejecida (o, mejor dicho, fatigada, puesto que existen cutis con evidentes signos de vejez provocados por deficiencias endógenas y exógenas que nada tienen que ver con la edad) le conviene un producto que estimule la producción lípida e hídrica, así como el normal proceso de renovación celular y la elasticidad de las fibras de la dermis. Aquí es oportuno el uso de las cremas que, en el lenguaje familiar a que antes aludíamos, son conocidas (y no sin razón) como “energizantes” y estimulantes. Si efectivamente la piel presenta una cierta atonía general, estos productos suelen obtener resultados muy positivos. Pero la atonía debe existir, so pena de caer en el caso comentado de sobrealimentar a quien no lo precisa. Podría ocurrir en los tejidos cutáneos lo que les pasa a muchos bebés consentidos, que no aprenden a comer “solitos” porque han descubierto que es más cómodo esperar a que su mamá les ponga el alimento en la boca.
Estas cremas bioactivadoras (especialmente si su contenido de grasa es más bien bajo) también son indicadas para combatir algunos casos de pieles asfícticas. Se comprende que, al estimular su metabolismo general, el riego sanguíneo sea también más activo, con lo que la piel recibe mayor aportación de oxígeno y las células muertas se desprenden a un ritmo más acelerado. Todo ello, como es natural, redunda en una mejor respiración cutánea. Los laboratorios cosméticos están trabajando mucho y bien en la actualidad, y la elaboración de esta clase de cremas constituye uno de sus grandes aciertos.
Los cutis sensibles necesitan sustancias lenitivas y refrescantes. Las cremas adecuadas para estos tipos de piel están frecuentemente formuladas con extractos vegetales que poseen estas cualidades y que, debidamente transportados, las ejercen en profundidad. Salvo casos muy excepcionales, no contienen aditamentos energéticos porque, en general, podrían resultar de acción contraindicada. No olvidemos que lo que se intenta en esta ocasión es calmar y relajar.

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Sistema excretor


El sistema excretor se halla formado por un conjunto de órganos que tienen la misión de separar de la sangre, por medio de la orina y del sudor, los productos de residuo. Se subdivide, pues, en aparato urinario y glándulas sudoríparas. El primero es el encargado de expeler el líquido excrementicio llamado orina, la cual es excretada por los ríñones ; de ellos pasa a los uréteres, que a su vez la destilan gota a gota y de forma continua a la vejiga urinaria, en donde queda almacenada hasta el momento de ser expulsada voluntariamente, a través de la uretra, en el acto de la micción. Las glándulas sudoríparas secretan el sudor y contribuyen también a la depuración de la sangre con una función parecida a la de los riñones, pero de una acción desintoxicante muchísimo menor; no obstante, son muy importantes para la belleza de nuestra piel, por lo que nos ocuparemos de ellas más adelante en forma más profunda.
Las glándulas de secreción interna, que volveremos a tratar en el capítulo Endocrinología y nutrición, constituyen el sistema endocrino, formado por órganos que elaboran unas sustancias llamadas hormonas que, transportadas por la circulación sanguínea o de otros líquidos, producen efectos de activación o regulación en el funcionamiento de otros órganos. No obstante, no debemos sorprendernos si encontramos en este apartado glándulas ya descritas al repasar algún otro sistema; ocurre simplemente que existen algunas (como el páncreas, por ejemplo) con una doble y hasta triple función, y se las conoce como glándulas mixtas. Vamos a ocuparnos solamente de las más destacadas del sistema endocrino, puesto que, por tratarse de uno de los más complejos del organismo humano, resultaría exhaustivo e innecesario, para nuestra intención meramente informativa, el pretender detallarlas todas. En la parte inferior de la laringe se halla situada la glándula tiroides; elabora una hormona denominada tiroxina, cuya misión es regular el metabolismo de los alimentos y el desarrollo de las células orgánicas; cuando se inflama, se produce el bulto denominado bocio. La hipófisis produce numerosas e importantes hormonas, algunas de las cuales regulan el crecimiento de los tejidos, la función renal, la contractilidad de los músculos y, en ocasiones, el funcionamiento de otras glándulas, como por ejemplo las sexuales, suprarrenales y el antes descrito tiroides. La epífisis se halla contenida dentro del cráneo y, durante la infancia, actúa a modo de freno de las glándulas reproductoras, función que le valió en la antigüedad el sobrenombre de “glándula de la pureza”.

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