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Maquillaje estudio


Maquillaje estudio
En un próximo capítulo trataremos del tema —del amable y femenino tema— del maquillaje, enfocándolo hacia lo que cada una de nosotras debe conocer de su rostro para “autodecorarlo” cotidianamente con toda corrección y conocimiento de causa. La materia, como veremos, es tan apasionante como prolija. Existen muchas facetas a tener en cuenta, por lo cual, independientemente de las posibilidades que podamos descubrir por nosotras mismas, es aconsejable someterse a un maquillaje-estudio. Éste ha de ser realizado por una “visagiste”, es decir, una esteticista especializada en el arte de maquillar de forma profunda, estudiando no sólo las determinantes físicas, sino también las de orden psíquico y personal, como pueden ser el carácter, edad, profesión y ambiente en que se desenvuelve la mujer para la que va a crear el maquillaje.
Este servicio tiene para la paciente doble utilidad, puesto que la deja “guapa” durante toda una jornada y al mismo tiempo la orienta sobre cómo debe valorar su belleza en lo sucesivo. Tan interesante resulta que muchos institutos de belleza y no pocas firmas de alta cosmética imparten periódicamente cursillos especiales para aquellas mujeres que desean aprender a realzar sus encantos de una forma casi profesional.

Para conocer todas las posibilidades de embellecimiento de nuestro rostro es aconsejable someterse a un maquillaje estudio, realizado por una o un acreditado visagiste, el cual estudiará las características morfológicas, edad y circunstancias de cada mujer.

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Cutís seco por falta de humedad


En esta ocasión podría sustituirse (y de hecho se sustituye en muchos tratados profesionales) el término sequedad, por el de deshi-dratación, puesto que en este tipo de piel es posible que las glándulas sebáceas cumplan perfectamente su misión. ¿Cuáles son, pues, los determinantes de este tipo de cutis? Existen muchos y muy variados, pero nos referiremos únicamente a dos, por considerarlos los más corrientes: el primero de ellos es una insuficiente secreción de las glándulas sudoríparas, que conlleva la lógica disminución del grado de humedad del manto emulsionado epicutáneo; el otro factor es la deshidratación fisiológica inherente a la vejez. No olvidemos que, por deficiencias de orden interno, disminuye con el paso de los años la capacidad de los tejidos para mantener su equilibrio acuoso, y que posiblemente es la piel el órgano que antes detecta este tributo a la marcha inexorable del tiempo. El aspecto del cutis seco por falta de humedad puede confundirse a primera vista con el del que lo está por escasez de grasa. Sin embargo, y a pesar de muchas particularidades comunes, existen síntomas diferenciantes de uno y otro. Es característico de las pieles deshidratadas su tono amarillento, la aparición de escamillas (como una caspa pequeñísima), así como la formación de unas particulares arruguitas que en ocasiones, y especialmente si tensamos la región afectada, dan la sensación de que van a resquebrajarse.

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Sistema nervioso y aparato digestivo


El sistema nervioso preside y armoniza todas las actividades del organismo. Se halla dividido en dos partes principales: el sistema nervioso central, que impulsa los músculos de fibra estriada, dependientes de nuestra voluntad (con la ya señalada excepción del corazón), y el sistema nervioso autónomo, independiente de nuestra voluntad y que, en combinación con el sistema glandular, rige la actividad hormonal, reproductora, etcétera.
El aparato digestivo está formado por un conjunto de órganos que tienen la finalidad de transformar los alimentos ingeridos en asimilables por el organismo. En términos generales puede considerarse compuesto por tubo digestivo y glándulas. El tubo digestivo empieza en la boca y continúa en la faringe, esófago, estómago, intestino delgado, e intestino grueso, el cual termina en un orificio llamado ano, que sirve de salida al exterior de las sustancias que no han resultado asimilables, llamadas heces fecales. Las glándulas anexas al tubo digestivo tienen la misión de segregar jugos que facilitan la digestión; como ejemplo podemos señalar las glándulas salivares que, situadas en la boca, vierten la saliva, sustancia que podríamos calificar como elemento iniciador de la digestión; el hígado segrega la bilis, la cual, en los periodos interdigestivos, queda almacenada en lá vesícula biliar; y el páncreas aporta a la digestión el jugo pancreático. El estómago es la parte más ancha del tubo digestivo, y las glándulas situadas en su interior destilan el jugo gástrico; el estómago comunica con el intestino delgado por el píloro, y en el interior del intestino, a través de las llamadas vellosidades intestinales, se realiza la absorción de los productos de la digestión, ya aptos para ser asimilados por el organismo, a través de la sangre. El intestino grueso viene a ser el depósito de sustancias inútiles, aun cuando en su cavidad sigue produciéndose una, digamos disminuida, absorción. Lo forman el ciego, que tiene anexo el apéndice vermicular, especie de “espada de doble filo” para nuestra salud y tranquilidad, pues, si bien cuando está sano actúa como desin-toxicador, eliminando las toxinas que produce la fermentación bacteriana del ciego, suele inflamarse con facilidad, produciendo la temida y desgraciadamente tan corriente apendicitis, que obliga a proceder a su ablación, conocida en términos facultativos como apendi-cectomía; los tramos finales del grueso son el colon, el recto y el ano. Para que los órganos abdominales no se rocen entre sí al cambiar de posición, se hallan recubiertos por una membrana muy resbaladiza llamada peritoneo.

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