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Sistema nervioso y aparato digestivo
El sistema nervioso preside y armoniza todas las actividades del organismo. Se halla dividido en dos partes principales: el sistema nervioso central, que impulsa los músculos de fibra estriada, dependientes de nuestra voluntad (con la ya señalada excepción del corazón), y el sistema nervioso autónomo, independiente de nuestra voluntad y que, en combinación con el sistema glandular, rige la actividad hormonal, reproductora, etcétera.
El aparato digestivo está formado por un conjunto de órganos que tienen la finalidad de transformar los alimentos ingeridos en asimilables por el organismo. En términos generales puede considerarse compuesto por tubo digestivo y glándulas. El tubo digestivo empieza en la boca y continúa en la faringe, esófago, estómago, intestino delgado, e intestino grueso, el cual termina en un orificio llamado ano, que sirve de salida al exterior de las sustancias que no han resultado asimilables, llamadas heces fecales. Las glándulas anexas al tubo digestivo tienen la misión de segregar jugos que facilitan la digestión; como ejemplo podemos señalar las glándulas salivares que, situadas en la boca, vierten la saliva, sustancia que podríamos calificar como elemento iniciador de la digestión; el hígado segrega la bilis, la cual, en los periodos interdigestivos, queda almacenada en lá vesícula biliar; y el páncreas aporta a la digestión el jugo pancreático. El estómago es la parte más ancha del tubo digestivo, y las glándulas situadas en su interior destilan el jugo gástrico; el estómago comunica con el intestino delgado por el píloro, y en el interior del intestino, a través de las llamadas vellosidades intestinales, se realiza la absorción de los productos de la digestión, ya aptos para ser asimilados por el organismo, a través de la sangre. El intestino grueso viene a ser el depósito de sustancias inútiles, aun cuando en su cavidad sigue produciéndose una, digamos disminuida, absorción. Lo forman el ciego, que tiene anexo el apéndice vermicular, especie de “espada de doble filo” para nuestra salud y tranquilidad, pues, si bien cuando está sano actúa como desin-toxicador, eliminando las toxinas que produce la fermentación bacteriana del ciego, suele inflamarse con facilidad, produciendo la temida y desgraciadamente tan corriente apendicitis, que obliga a proceder a su ablación, conocida en términos facultativos como apendi-cectomía; los tramos finales del grueso son el colon, el recto y el ano. Para que los órganos abdominales no se rocen entre sí al cambiar de posición, se hallan recubiertos por una membrana muy resbaladiza llamada peritoneo.
Belleza y hermosura
Más aún, tal como está estructurada la sociedad actual, la apariencia agradable no es algo que podemos alcanzar si nos apetece: es un deber de convivencia, hasta nos atreveríamos a decir que un pilar para nuestro futuro, tan fundamental, en ocasiones, como una sólida formación cultural, un carácter dinámico o una acusada personalidad. Recordemos, si no, la “buena presencia” que un 99% de ofertas de empleo exige entre los requisitos básicos que debe reunir la persona idónea para ocuparlo, tanto si se trata de ventas, administración, relaciones públicas o cargos de alto nivel.
Para la palabra belleza existen infinidad de definiciones: armonía, gracia, atractivo, hermosura, etc. No obstante, José Joaquín de Mora, en su obra Sinónimos, matiza más y nos dice: “Belleza y hermosura son dos palabras que significan aquel raro conjunto de perfecciones que encadenan nuestra imaginación, sin que nos sea dado definir la sensación que nos imprime, ni determinar la naturaleza del placer que nos causa. La hermosura se dirige más bien a los sentidos, en tanto que la belleza parece ser objeto más peculiar del entendimiento”.
Mujer símbolo de belleza
Artistas y pintores han encontrado en la mujer, símbolo de belleza, un constante motivo de inspiración artística, y a través de ella han intentado expresar sus propias concepciones estéticas. La serenidad, equilibrio y esbelta elegancia de formas de esta Venus de Franciabigio ponen de manifiesto esa contenida emoción que en el hombre ha despertado siempre la belleza de su compañera.
Pero la mujer no es tan sólo colaboradora del hombre, sino una compañera cuya belleza sirve de constante estímulo para el quehacer del hombre. Si nos preguntamos qué es ese ideal estético que tantas horas de nuestra vida nos hace gastar en su busca, nos encontramos con muy diversas teorías, que oscilan desde la postura platónica de considerar la belleza sensible como una imitación imperfecta de la Belleza inteligible, hasta el supuesto irracionalista de que lo bello depende de nuestra estimativa emocional, tan cambiante según los lugares y las épocas. Para la escolástica, y en especial para santo Tomás de Aquino, lo bello es un atributo real de los seres, un “resplandor” originado por su perfección y que produce en nosotros un sentimiento de admiración. ¿No será esta admiración la misma que nos producen aquellas imágenes, formas o sonidos a través de las cuales artistas y escritores han expresado su concepto de lo bello? Aunque, dentro del relativismo de lo bello, cada uno de ellos hubo de expresar los sentimientos e ideas de la época que les correspondió vivir, no cabe duda de que constituyen hoy en día para nosotros unos cronistas de excepción del universo estético y las costumbres de su época.
Etiquetas: belleza, belleza a lo largo de la historia, belleza arte, belleza cabello, belleza caraLa mujer, símbolo de vida y de belleza
ESTETICISMO
El alma femenina parece tener tantos estratos como la misma piel que la recubre y separa del ámbito que la rodea. Souventfemme varié, bienfol est qui s’yfie, dice un dístico grabado en una de las vidrieras del castillo de Chambord, paráfrasis del conocido verso de Virgilio varium et mutabile semperfemina. Estas frases, con las que se intenta definir los frecuentes estados de mutación anímica y corpórea de la mujer, ponen de relieve lo complejo del ser femenino, siempre cambiante.
Madre o venus, objeto de devoción o de deleite, la mujer parece escindir su alma y sus afectos entre esa doble función. Pero debiéramos renunciar a la idea de que nació esclava y de que su historia es una lenta progresión a modos de vida más soportables. Los vestigios más remotos de la historia de la humanidad no demuestran la supremacía del hombre sobre la mujer. E incluso algunos antropólogos, al estudiar los privilegios de la mujer en el seno de determinadas sociedades, han formulado la hipótesis de la existencia de un estado en la evolución social caracterizado por la cultura matriarcal, en la que el dominio del grupo estaría ejercido por la mujer. Cierto o falso, de lo que no cabe duda es de que la mujer ha tenido en la historia una nada desdeñable importancia al lado del varón.



