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Senos
Senos
Poseer unos senos armónicos, proporcionados al busto, turgentes y firmes, es una de las aspiraciones o logros más queridos de toda mujer. Resolver la cuestión favorablemente es uno de los quebraderos de cabeza de la estética moderna.
Aquí serán imprescindibles dos palabras de anatomía para comprender el problema. La mama es sólo una glándula cutánea especializada, formada por lóbulos glandulares sumergidos en el tejido celular. No contiene ningún elemento contráctil susceptible de ser estimulado para modificar las formas, e incluso el músculo del pezón carece de acción alguna sobre la forma general del seno. La capa posterior retromamaria está fijada a la clavícula por un ligamento suspensor y toda la glándula descansa sobre dos planos pectorales: el pectoral mayor y el pectoral menor.
El sistema más eficaz para elevar y mantener en posición los senos reside en fortalecer los pectorales mediante una gimnasia apropiada. Si la persona es joven —hasta ios veinticinco años— hay productos de cosmética, emulsiones y suspensiones coloidales, que pueden fortalecer y endurecer el seno. Más allá de esa edad, la eficacia de estos productos es muy relativa.
El masaje estético se ha ocupado mucho de esta zona. Existen incluso masajistas “mamilares” con una especialización plena. Pero la eficacia del masaje aplicado a los senos caídos es también nula, al menos desde la perspectiva de nuestra experiencia. En cambio, prácticas tan simples como las duchas o chorros de agua dirigidos, ya mencionados en otro lugar, fortalecen y conservan la dureza del seno. No se olvide que la mama está muy vascularizada, es extraordinariamente sensible a los golpes y muy frágil para los amasamientos torpes.
INTENCIÓN
Si retrocedemos unas décadas, pocas, podremos comprobar que era muy reducido el número de mujeres que por aquel entonces prestaban atención al cuidado y mantenimiento de su belleza, tanto facial como corporal, de una forma sistemática y, sobre todo, racional; concretamente podríamos englobar en este reducido grupo a las que pertenecían a estratos sociales muy elevados (las “VIP” de ahora), y también a las que, por imperativos de su profesión, relacionada con el arte o con la moda, les era preciso conservar su atractivo físico durante el mayor periodo de tiempo posible. Casi todas las demás se conformaban con el aspecto que les había “caído en suerte”, valorado quizá con ligeros y esporádicos retoques no siempre acertados, puesto que la mayoría de las veces se basaban en inefables recetas caseras o en tratamientos genéricos que, si para algunas podían resultar adecuados, para las más eran inútiles o incluso nocivos.
Esta situación, afortunadamente, está ya plenamente superada. En la actualidad la belleza se halla al alcance de todas las mujeres, sea cual fuere la esfera a que pertenecen, y sea también cual fuere el grado de perfección con que las ha dotado la naturaleza. Es cuestión tan sólo de lógica y fuerza de voluntad.

