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Mal aliento


A veces nos enteramos, otras no. Todos, en algún momento, podemos sufrir de mal
aliento,.
Independientemente de que haya comido ajo o cebolla, encuentre aquí todas las causas que provocan el mal olor en la boca
y cómo solucionarlas.
La escena está en su climax. El muchacho acaba de pasar por una ventana en llamas, ha tomado en sus brazos a la muchacha, semidesvanecida por el humo y sin pensarlo dos veces se ha lanzado con ella por un hueco en la pared para caer, veinte metros más abajo, sobre una enorme colchoneta, convenientemente ubicada por los bomberos. La música sube la intensidad de los violines. La muchacha toma a su salvador del rostro y acerca su boca a la de él: el beso parece inevitable… hasta que ella frunce la nariz con cara de asco. Y, sí. El mal aliento puede destruir el más
apasionado de los momento románticos. Pero, en ámbitos menos eróticos, puede provocar que rara vez lo inviten a conversar después del trabajo, que el contacto con sus compañeros de tareas se reduzca a depositar una pila de carpetas sobre su escritorio para luego alejarse a paso rápido o que sus amigos prefieran contactarlo por correo electrónico.
Y lo peor de todo, es que, probablemente, usted jamás se percatará del problema. Para una gran cantidad de personas es casi imposible darse cuenta que padecen de mal aliento, salvo que alguien se los diga. Y, convengamos, para hacer eso, hay que tener mucha, mucha confianza.
¿Un problema menor o mayor?
Durante muchísimo tiempo, se pensó que las causas del mal aliento había que buscarlas en el funcionamiento del aparato digestivo. Así, las gastritis y úlceras eran señaladas como las principales culpables. Los médicos, no demasiado habituados a diagnosticar en un “territorio” -la boca- que no les pertenece, preferían buscar motivos más profundos. Mientras más profundos mejor, casi negándose a aceptar que la halitosis era más superficial de lo que parecía.
El avance de la odontología llevó a poner las cosas en su lugar. Hoy está comprobado que el 90 por ciento de las causas que provocan el mal aliento hay que buscarlas directamente en la boca. El 10 por ciento restante sí puede encuadrarse en distintos problemas orgánicos, que van desde fallas renales o hepáticas hasta dificultades del aparato respiratorio. Es más, la mayor parte de las investigaciones apunta a demostrar que, en lo que se refiere al mal aliento, el aparato digestivo no debería ser señalado como culpable. ¿Por qué? porque la función del sistema gastrointestinal está aislada de las vías respiratorias. Por lo tanto, el olor del aliento no tiene por qué significar nada malo del funcionamiento del estómago o los intestinos.
Caldos de cultivo
No importa cuál sea su condición social, o su edad. Ni siquiera importa qué tipo de pasta dental utilice. Todos tenemos en nuestra boca un pequeño labo-
ratorio en el que se amontonan más de 400 sustancias volátiles distintas. Si a eso le sumamos que en el mismo espacio, es posible hallar más de 300 tipos diferentes de bacterias, resultará difícil encontrar una explicación de por qué no todos tenemos mal aliento. Aún así, esa explicación existe. La razón por la que no todos padecemos esta afección está, en primer lugar en la manera en que nos limpiamos los dientes. Entiéndase bien. El mal olor en la boca es, lisa y llanamente, un síntoma de que algo ha comenzado a degradarse allí dentro. Esos más de tres centenares de bacterias que se alojan en la cavidad bucal, de algo tienen que ocuparse. Y su ocupación es, justamente, degradar los restos de cualquier cosa que usted haya tenido en la boca. Si usted es de aquellos a los que habitual-mente le sangran las encías, tanto peor. La sangre en sí, no tiene un olor que los humanos puedan percibir, pero una vez que es atacada por las bacterias de la boca, se va a descomponer produciendo decenas de sustancias volátiles (algunas de las más comunes son el sulfuro de hidrógeno, el mercaptano de metilo y el sulfuro de dimetilo) que, créanos, tienen muy mal olor. Y entonces, ¿qué hay de la comida? Mucho peor. No cepillarse los dientes en forma regular no sólo es malo para la salud de los dientes. Ocurre que cualquier resto de comida que permanezca en la cavidad bucal por más de una hora, será inmediatamente atacado por las bacterias de la boca, que inducirán su degradación. Este proceso químico provocará la aparición de diversos ácidos, como el propiónico, el butírico y el valérico, todos ellos de muy mal aroma.
Planteado el problema, la solución está a la vista. En lugar de seguir comprando pastillas de menta o aerosoles bucales, invierta en una farmacia en uno de esos kits en los que viene un pequeño cepillo dental desarmable y un dentífrico. Cada vez que termine de comer (sobre todo en la oficina), tómese apenas cuatro minutos para cepillarse los dientes y verá como todo cambia. Decíamos al principio de este artículo que el 90 por ciento de los casos de halitosis son provocados en la boca. Bien, de todos ellos, más del 80 por ciento se deben a una ineficiente higiene bucal. Se sabe que aún en los peores casos de mal aliento crónico, producido por enfermedades periodonta-les como la piorrea, lavarse los dientes con cierta asiduidad (cuatro o hasta cinco veces por día) puede mejorar el
No gastar saliva
Una de las causas menos conocidas del mal aliento tiene que ver con la producción de saliva. Como ya dijimos, la putrefacción bacteriana de las sustancias químicas es la que causa mayormente la halitosis. La saliva contiene proteínas, carbohidratos e inmunoglobulinas que interfieren con el metabolismo de las bacterias y con la adherencia bacteriana a las superficies orales, y que en algunos casos son bactericidas. Además, el rol de la saliva como un solvente en el ambiente oral químico, sirve para controlar el olor bucal. Un reciente estudio de la Universidad de Roma comprobó que tres de cada cuatro personas que sufren de halitosis padecen también de una menor producción de saliva. El hecho que frecuentemente se relacione la halitosis con la xerostomía por sueño (esta difícil palabra significa que la boca se seca durante la noche debido a que todo el circuito oral está inmóvil, lo cual provoca el mal aliento a la mañana), demuestra el importante
rol que desempeña la saliva en el control de la halitosis.
Todo muy interesante pero, ¿cómo podemos hacer para incrementar la producción de saliva? Sencillo: utilizando productos refrescantes del aliento.
La masticación de chicle, por ejemplo, estimula el flujo salival y, por lo tanto, la eliminación de bacterias acumuladas. Pero ¡atención!: el chicle sin azúcar produce menos caries que el chicle azucarado, pero tiende a elevar el pH oral, haciendo el ambiente más acogedor para ciertas bacterias. Para explicarlo mejor: el chicle sin azúcar tal vez engorde menos y no cause daño a los dientes, pero con él, las bacterias encontrarán en la boca un lugar más propicio para reproducirse. ¿Solución? Si habitualmente tiene la boca seca, con lo cual sospecha que puede tener mal aliento, coma chicle (con o sin azúcar, da lo mismo) durante el día pero recuerde lavarse los dientes con cierta frecuencia.
Malas lenguas
Supongamos que usted es bastante fanático de la limpieza. Y que lava sus dientes por lo menos tres veces al día. Incluso a veces hasta usa hilo dental o enjuague bucal.
La pregunta en este caso es ¿se cepilla la lengua? La estadística -¿cuándo será el día que no recurramos a ella?-también es clara en este caso. La encuesta anual de la Asociación Odontológica Americana asegura que más de 50 por ciento de la gente que cree tener una buena higiene dental, jamás se cepilla la lengua.
Todo tiene una razón de ser. Si alguna vez su odontólogo le aconsejó cepillarse la lengua y usted lo intentó, lo más probable es que haya terminado con náuseas. No se preocupe, es normal (es la misma sensación que se tiene cuando el médico apoya una pequeña paleta de madera sobre la lengua para vernos la garganta).
Ese reflejo de náusea no es igual en todas las personas, algunas lo toleran más que otras, por lo que nuestro consejo es que aprenda a dominarlo, por lo menos durante algunos segundos. Ocurre que las bacterias implicadas en la halitosis también se encuentran en la capa de recubrimiento lingual, sobre todo en el tercio dorsal (la parte de más atrás). El cepillado directo, los colutorios y los enjuagues bucales (aún al hacer gárgaras) pasan frecuentemente por alto esta zona, que así se convierte en un refugio excelente para las bacterias anaeróbicas. La superficie de la lengua es extensa y posee grietas, ideales para darle cobijo a los gérmenes. El crecimiento bacteriano en la lengua se parece a la acumulación de polvo en una alfombra muy pilosa. Y aunque parezca increíble, un tercio de las halitosis están relacionadas con bacterias acumuladas en la lengua. La solución, en este caso, es casi cantada: aunque a veces sienta náuseas, cepíllese la lengua cada vez que se limpia los dientes. Respire hondo y pase el cepillo con una buena cantidad de dentífrico por toda la extensión. La sensación ile frescura que sentirá después justificará el mal momento.

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Eliminar el mal aliento


Eliminar el mal aliento, es más importante un aliento fresco que el uso sistemático de colonias. Nadie se acerca con agrado a una boca maloliente, por muy bella que sea su poseedora.

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Combatir el mal aliento


Combatir el mal aliento, suponemos que si Rostand viviera en esta época se desencantaría pronto del aliento de su amada, tras la pequeña peste del olor a tabaco con que envolvería sus palabras. Toda mujer que fume debe tener sus trucos que contrarresten el desagradable y poco femenino olor a tabaco que desprende su boca. Puede masticar perejil, un trocito de cascara de limón o naranja, un grano de café o el pétalo de una flor perfumada.

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Remedios para el mal aliento


Remedios para el mal aliento:
Pasar una rodaja de limón sobre las encías reblandecidas y frotar. El limón y el agua salada son bactericidas. No tomar demasiados caramelos ni bombones. Cepillar con cuidado la lengua siempre que se laven los dientes.
Un cepillado de los dientes después de cada comida. Cambiar el cepillo cada tres meses, por lo menos. Si no se toma esta precaución, las púas desgastadas e irregulares pueden dar lugar a unas encías sangrantes.

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Remedios mal aliento


Remedios mal aliento.
Como remedio provisional se puede subsanar o disimular este estado o manifestación regulando el aliento con cuidados como: Aplicaciones de productos en spray para la boca, de venta en farmacias. Masticar chicle de clorofila o menta. Aclarar la boca con agua a la que se ha adicionado una loción dentífrica refrescante. Se pueden hacer incluso gárgaras con la loción, para refrescar en profundidad.

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