Peleas entre hermanos Archive

Relaciones fraternales


Compartir la misma sangre y hasta algunos rasgos físicos no significa pensar igual, tener los mismos gustos, y, mucho menos, vivir en armonía. Las relaciones entre hermanos suelen ser con-flictivas durante la infancia y la adolescencia, porque entran enjuego los celos y se compite diariamente para ganar la atención o el cariño de los padres y demás familiares. Aunque no hay reglas fijas y cada familia es un mundo, el vínculo entre hermanos puede convertirse, en la edad adulta, en una gran fuente de apoyo emocional. En los parentescos no hay posibilidad de elección. Si se hiciera umreijrafésta, la mayoría diría que de haber podido
elegir a sus hermanos, seguramente hubiera elegido otros distintos a los que le tocaron. Para bien o para mal, hermano se nace.
La buena noticia es que, en general, las relaciones fraternas suelen mejorar con el correr de los años. Esto no quiere decir que no haya temas o hechos que puedan ser motivo de resentimientos, como por ejemplo, el de los roles establecidos tácita o implícitamente para cada uno de los hermanos: las etiquetas ya mencionadas. Por ejemplo: conciliador, responsable, frágil, fuerte, emprendedor, quedado. Esos roles fijos a veces nos sirven, pero habitualmente es un lastre que cargamos y por el cual debemos responder. El responsable siempre tiene que organizar las fiestas familiares… ¡aunque no tenga tiempo ni ganas! En cambio, al bohemio nadie le pide nada porque está en sus cosas… Es difícil cambiar un rol que fue representado durante años y que ha sido aceptado por todos los miembros de la familia. El único camino para arrancarse una etiqueta y ser uno mismo es analizar a fondo qué es lo que se quiere cambiar, por qué aceptó durante tanto tiempo ese rol y por qué desea abandonarlo ahora. Una vez que se tienen esos puntos bien claros, el diálogo es la única salida. O, por lo menos, el cambio de actitud por parte de uno, sostenido en el tiempo, obligará al resto a cambiar de opinión. Más allá de las responsabilidades de los otros, es uno el que tiene que tener la iniciativa de mejorar su vida. Si uno cae en la “trampa” de las etiquetas y es consciente de ellafrafíibién as culpable.

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Conflictos familiares


Las empresas familiares o una herencia pueden terminar con la mejor relación fraternal. Al respecto, la psicóloga Beatriz Goldberg es tajante: “Cuando hay un negocio o dinero de por medio, queda en evidencia si la relación es consistente o aparente “. Hay padres que funcionan como “aglutinantes forzosos”, por eso, el día que no están, se produce la diáspora y el vínculo se resiente.
Otro tema de eterno conflicto entre los hermanos adultos es el cuidado de los padres ancianos y/o enfermos, o de algún hermano con problemas de salud o discapacidad. Lo más común es que uno se ocupe y el resto mire para el costado, sin hacerse cargo. Antes o después, esto genera discusiones e, inevitablemente, una catarata de reproches que llegan hasta la más tierna infancia. Si uno pudiera ver la escena desde
afuera, vería que los adultos que discuten están hablando de lo mismo que cuando eran pequeños: el lugar que ocupa cada uno, las actitudes puestas de manifiesto, las expectativas que tienen. Antes era por el espacio ocupado, hoy es por el geriátrico. Cada familia sabrá cómo puede resolverlo, pero los gritos y los reproches seguramente no son el mejor camino.

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Las peleas entre hermanos


¡Como perros y gatos!
A los 3 años pelean por un juguete, a los 10 por quién se baña primero, a los 13 por el espacio en el dormitorio… Una pelea de nunca acabar, en la que los padres son los arbitros, aún contra su voluntad. La acción de los padres, en el mejor de los casos, sirve para mediar. A veces deben ayudarlos a recapacitar, otras tienen que intervenir para evitar que se maten. Pero en algunos casos, los progenitores no hacen otra cosa que fomentar la competencia y la rivalidad. Hacen hincapié en las virtudes (a su entender) de uno sobre otro y remarcan los errores de uno de ellos. Ya de grandes, cuesta mucho razonar y entender que cometían un error. En el fondo del corazón, uno se siente dolido, pero como adulto llega un punto en que hay que hacer las paces con el pasado y empezar un camino autónomo, más allá de lo que decían papá y mamá. En esos casos no está de más hablar con el hermano, el perfecto, el estudioso, el fantástico. Seguramente él no la pasó mucho mejor, porque así como tuvo la atención y el aliento, también debió tolerar la presión de ser mirado en forma permanente y de no poder equivocarse nunca, para no decepcionar a los progenitores. Cuando cambia el punto de vista, si uno es capaz de correrse de su lugar y mirar las cosas desde otro sitio, repentinamente la perspectiva varía. A uno le dolió atención exclusiva que sus padres le daban a su hermano, pero él envidió en secreto la libertad (¿o desatención?) que le daban y que le permitían hacer su camino individual. Si el sentimiento es sincero y profundo, cuando los padres ya no están, a veces los hermanos se unen más. En los casos en que los progenitores fomentaban la rivalidad, porque hay un reencuentro sin “objeto” (= padres) por los cuales pelear y con una historia en común. Cuando el grupo familiar ha sido armónico, porque tienen en común la sensación de orfandad: sólo mi hermano puede sentir lo mismo que yo ante la muerte de mis padres.

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