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Señales de alerta


Una premisa importante para considerar el potencial adjetivo de una conducta es el período de tiempo que transcurre entre que se emite la respuesta y se recibe la recompensa. El enorme potencial adictivo de la cocaína se debe más a la inmediatez de sus efectos en el sistema nervioso humano que a otras circunstancias como la capacidad de proporcionar placer y el supuesto prestigio de su uso. Algo parecido ocurre en la ciberadicción: el hecho de apretar un enlace o hipervínculo y obtener información o fotografías estimulantes casi al instante es un refuerzo que se repite cientos, miles de veces en la vida de los cibernautas. Esta asociación conductual lleva de una manera clara a asociar pulsación del ratón con placer, por lo que el sujeto adicto se ve abocado a repetirlo hasta el bloqueo de su computadora o hasta que la fatiga mental, ocular o manual lo hacen retirarse de los estímulos. Para Sarah Lawrence, editora de una revista educativa norteamericana para chicos, navegar en la Red no se caracteriza por la repetición irracional de una conducta destructiva, como es el caso de las verdaderas adicciones. Señala cómo la valoración del tiempo de conexión puede ser una variable engañosa (estudiada desde un punto de vista únicamente cuantitativo). La Doctora Kim-berly S. Young (Universidad de Pitts-burgh-Bradford), autora de uno de los trabajos más renombrados sobre cibera-dicción, considera que una persona presenta este trastorno si responde que sí a cuatro o más de los siguientes ítems:
1- ¿Se siente preocupado por lo que ocurre en Internet, incluso si no está conectado?
2- ¿Siente la necesidad de invertir más y más tiempo conectado para sentirse realmente satisfecho?
3- ¿Es incapaz de controlar el uso de su conexión?
4- ¿Se siente inquieto o irritable cuando intenta disminuir o eliminar sus salidas al ciberespacio?
5- ¿Se conecta para escapar de sus problemas?
6- ¿Miente a sus familiares y amigos en lo relativo a la frecuencia y duración de sus conexiones?
7- ¿Corre el riesgo de perder una relación importante, un trabajo, una oportunidad académica o su carrera por su uso de la Red?
8- ¿Sigue conectándose después de pagar facturas importantes por sus conexiones?
9- Si pasa un tiempo sin conectarse, ¿se siente más malhumorado, irritable o deprimido?
10- ¿Permanece conectado durante más tiempo del que inicialmente pensaba?
Entre los signos de alerta respecto a posibles problemas con el uso de la Red menciona:
• Comprobación compulsiva del correo electrónico.
• Tendencia reiterada a anticipar la próxima conexión a la Red.
• Quejas de terceros respecto a que se invierte mucho tiempo conectado.
• Quejas de terceros respecto a que se gasta demasiado dinero en conexiones a Internet.
• Más amigos virtuales que reales.

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Ciberadicción


Una forma de ludopatía , otro aspecto de la ciberadicción, es la compulsión a estar conectados para jugar con la PC solos o en red. Hace rato que los videojuegos son objeto de polémica, no solo por la afición descontrolada que despierta en niños (y no tanto), también por el carácter violento de muchos de ellos. “El juego nos entrena desde pequeños para el intercambio social. Sin dudas, el sujeto que está frente a una pantalla despliega habilidades y sentimientos pero no percibe los sentimientos de otro, no aprende la tolerancia a la frustración en público, el ciberjuego no le muestra sus limitaciones reales, por ejemplo. Cuando sale al mundo real, ese niño se encuentra con relaciones que no están mediatizadas y para las cuales el juego virtual no lo ha entrenado, ./listamente, la irritabilidad característica del adicto, proviene del choque de dos mundos, de la adaptación rápida que tiene que hacer entre el estado de trance o éxtasis del mundo virtual y las exigencias del mundo real”, advierte Schiera. En cualquiera de sus formas, la ciberadicción no es más que otra manera de consumismo mediante el cual algunas personas intentan llenar vacíos interiores. La sensación de aburrimiento que trata de paliarse con encantamientos pasajeros es un escalón a la enfermedad. Si como señalan las estadísticas, la cantidad de internautas latinoamericanos irá en aumento (se incrementaron en un 35.5% durante el 2001-2002), habrá que estar preparados.

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El chat


El especialista menciona como síntoma de la subcultura del chateo, la insistencia de muchos de los que entran a su página -www.sexovida.com – en enviar preguntas sobre tópicos ya explicados en el sitio e insistirle en que salga on line para chatear con ellos. “Para los adolescentes, el chat es tentador porque no los expone tanto como el contacto cara a cara, otra veces es usado defensivamente para canalizar sentimientos de enojo y angustia. El uso excesivo de Internet está muchas veces respaldado por los padres, porque consideran este entretenimiento menos riesgoso que otros que se desarrollan en la calle o boliches. Además, hay una sobrevaloración del dominio tecnológico que tiene el chico, como si se pensara que por pasar muchas horas ante el teclado su hijo va a ser más inteligente “, continúa la profesional de SATF.

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Adolescentes e internet


En cuanto a los niños y adolescentes, corresponde a los padres poner los límites a la forma en que usan Internet. La licenciada Schiera recomienda estar alerta a los siguientes signos:
• Deja de hacer cosas necesarias por estar con la PC
• Prefiere la PC a contactos con personas que antes eran placenteros.
• Se levanta de la computadora irritado y/o agotado
• Ante el aburrimiento recurre de manera cada vez más frecuente a la PC
• La mayor parte de sus intercambios se dan a través de la computadora
• Hay cambios de aspecto físico (abandono personal, falta de higiene y aumento de peso por el sedentarismo), y modificaciones en los hábitos de sueño y comida.
• Bajo rendimiento en estudios y/o trabajo
La American Academy of Child and Adolescent Psychíatry (AACAP). recomienda a los padres:
1- Limitar el tiempo que pasan los hijos “en linea” y “navegando” en Internet.
2- Enseñar que hablarle a los “nombres de pantalla”en una “sala de conversación” es lo mismo que hablarle a desconocidos o a extraños.
3- Enseñar que nunca debe darle información personal que lo identifique a otra persona o “sitio” en Internet, y que nunca debe ir a conocer en persona a alguien a quien conoció en línea.
4- Recordarle que no todo lo que ve o lee “en linea” es verdadero.
5- Obtener asesoramiento sobre programas disponibles que limitan el acceso a las salas de conversación, grupos de noticias y otros sitios no apropiados para los niños.
6- Proveerle una dirección “e-mail”, sólo si es lo suficientemente maduro para controlarla.
7- Enseñarle al niño a que use la misma cortesía que usa al hablar de persona a persona para comunicarse en línea.
8- Ayudar inicialmente al niño a explorar los servicios de conexión, y participar periódicamente con él mientras navega por Internet para aprender y encaminar juntos su uso.

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Psicologia en la red


Los psiquiatras y sociólogos estadounidenses hablan de “personas multitarea “, para referirse a los individuos que, en su compulsión por estimularse constantemente con información, mientras están en una reunión, chequean su e-mail con una mano y sostienen el celular con la otra. Schiera, explica que, a corto plazo, estas personas pueden parecer muy eficientes, pero el sujeto que está en mil cosas a la vez perdió la capacidad de discriminar lo importante de lo que no lo es. Quien no puede ordenarse y poner límites se ve sobrepasado por un mar de información. El infoadicto no se resigna a no saberlo todo, y al no aceptar las limitaciones para abarcar el mundo, pierde la oportunidad de aprovechar lo importante. Como la mente no puede procesar el flujo constante de información al que se la expone, pronto la memoria pierde capacidad, se reduce el nivel de concentración, productividad y creatividad. Otra cara de la ciberadicción son los chaters, personas que llegan a gastar más de 4 horas diarias (algunos llegan a 8) manteniendo conversaciones virtuales a través de la PC. En Latinoamérica, se estima que chatean a diario alrededor de 8 mil personas, de las cuales, según una investigación de la psicóloga Liliana Bellini, de la Universidad de Buenos Aires, un 10% se convierte en adicto, sufriendo síndrome de abstinencia si no puede conectarse. Según los especialistas, las personas con fobia social, depresión, trastornos de personalidad y adicción al sexo y al juego, son más propensas a desarrollar este tipo de adicción. “En realidad se trata de un síntoma. Al consultorio vienen parejas con conflictos por este tema, uno de ellos está horas pegado a la pantalla, tiene la libido puesta ahí, se masturba con la pornografía de fácil acceso, mientras su pareja está en la cama. Esta compulsión al zapping vertiginoso de Internet, o al chuteo que permite un travestismo virtual, más que producir placer, busca evitar la angustia, que es la función de todo ritual obsesivo-compulsivo. Pero es una trampa, la angustia se recicla “, relata el psiquiatra y sexólogo Doctor Adrián

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Internet


En los últimos quince años la TV fue destronada y liberada. Un nuevo ídolo de masas se lleva ahora los laureles y las críticas: Internet. Sólo hay que pedirle y da casi al instante, nos responde y pregunta, nos conecta con el mundo y con las personas más cercanas y más remotas. Como otras nuevas tecnologías, ofrece mínimo esfuerzo y máximo rendimiento; en verdad, ha simplificado y enriquecido nuestras vidas. Pero esta panacea puede devenir en elixir peligroso para personas con impulsos incontrolables a la gratificación inmediata. Los que tienen dificultades para relacionarse en el cara a cara, también son vulnerables a caer en sus redes: un club de amigos invisibles hará de paliativo para su soledad. ¿Y los que se obsesionan por tener todo bajo control? El flujo inagotable de datos del ciberespacio puede seducirlos como el fatal canto de las sirenas en La Odisea de Homero. Esta compulsión a recibir permanentemente información -vía Internet o por teléfono celular- ya tiene un nombre en Psiquiatría: desorden compulsivo on Une (OCD, sus siglas en inglés). Para John Ratey, profesor de Psiquiatría de la Universidad de Harvard y estudioso del tema, la conexión compulsiva funciona como un narcótico informativo, una dosis de dopa-mina. Pero como sucede en todo tipo de adicción (a sustancias o conductas), no todos los que interactúan con los ordenadores desarrollan el trastorno. “Se combinan distintos factores. El adicto tiene una personalidad débil, busca salidas fáciles, no puede poner límites ni decir basta. También influye su entorno familiar y el marco social. En este sentido, Internet puede ser irresistible y fatal”, explica la licenciada Adriana Schiera, Vice-presidenta de la Sociedad Argentina de Terapia Familiar (STAF) y directora del Postgrado de Formación de Terapeutas Familiares.

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