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Fertilidad en hombres


La gran esperanza terapéutica del nuevo siglo sigue ampliando sus ámbitos de aplicación, en este caso la reproducción. Las células madre se presentan como una opción de trasplante para recuperar la fertilidad masculina. Al menos así lo indican los resultados de un trabajo japonés publicado en la última edición de “Human Reproduction”. Este es el primer estudio en el que se logra con éxito la reproducción empleando células madre congeladas. Eso sí, por el momento la técnica sólo ha demostrado sus posibilidades en roedores. Sin embargo, los autores apuntan a que podría convertirse en una buena alternativa para algunos casos de esterilidad en humanos. El procedimiento empleado es relativamente sencillo. De hecho, los científicos subrayan que la congelación de las progenituras celulares de esperma supone menos problemas que la conservación en frío de los propios espermatozoides. Además, el proceso de congelación parece tener un efecto positivo sobre las células madre porque las que han pasado por las bajas temperaturas tiene más capacidad para multiplicarse tras el trasplante que las que se injertan en fresco y como consecuencia, generan más cantidad de esperma. El método consistió en extraer células madre de los testículos de ratones fértiles, de este modo se seleccionan preferiblemente las precursoras de los espermatozoides. El material obtenido se mantuvo congelado entre dos y siete semanas. Para probar las posibilidades de la terapia se seleccionaron dos grumos de ratones que se pueden considerar modelos de dos formas de esterilidad en humanos. Por un lado, animales con ciertas alteraciones congénitas que impiden la maduración del esperma y por tanto, la fecundación y de otro, roedores estériles debido a un tratamiento antitumoral. Después de descongelar y reconstituir las células madre se inyectaron directamente en los testículos de los animales. El procedimiento resultó ser un éxito en los animales más jóvenes cuya esterilidad se debía a causas congéni-
tas. La mitad de ellos tuvieron crias en un periodo de entre 72 y 190 días. Además el procedimiento parece ser también eficaz a largo plazo puesto que estos ratones mantenían la fertilidad recuperada al menos 228 días después del trasplante. Sin embargo, los resultados no fueron tan alentadores con los roedores adultos. En este caso, sólo uno de los que recibió el injerto consiguió procrear.
Un nuevo horizonte
A la vista de estos resultados los autores señalan que este procedimiento tendría importantes aplicaciones para preservar la fertilidad de los jóvenes que se tienen que someter a tratamientos que provocan esterilidad. En estos casos, se podrían extraer células madre del propio paciente, conservarlas congeladas y trasplantarlas cuando el individuo decida tener hijos. En el caso de los adultos, a pesar del aparente fracaso en la reproducción natural, los investigadores observaron que se habían producido espermatozoides, pero no habían sido suficientes como para una fecundación natural. Sin embargo, se podría acudir a las técnicas de reproducción in vitro empleando el esperma generado tras el trasplante. Los animales cuyo problema de infertilidad era debido al tratamiento antitumoral no tuvieron suerte con la terapia porque ninguno de ellos logró perpetuar su especie. Aunque también en este caso se probó con éxito la opción de la fecundación in vitro. Los autores aseguran que todavía no se puede saber si los resultados son extrapolables a la biología humana. Sin embargo, ya parece evidente que su aplicación va a tener algunas limitaciones porque, como señala Takashi Shinohara, autor principal del trabajo, “puede acarrear muchos problemas éticos”. El motivo de la posible polémica es que los vastagos de los machos trasplantados no portarían la carga genética de su progenitor, sino la del donante de las células. De modo, que en humanos, Shinohara sólo contemplaría el autotrasplante.

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