Diferentes tipos de piel Archive

Cutis seco por falta de grasa


Como puede deducirse, éste es el reverso de la medalla del anterior. Las glándulas sebáceas segregan menos de lo normal, independientemente de que las sudoríparas actúen con regularidad. Generalmente su aspecto es tirante, con un grano de piel muy apretado que da sensación de aspereza al tacto y, en casos avanzados, de rugosidad. Suele presentar finisimas arrugas, que se acentúan con las gesticulaciones faciales, muy especialmente alrededor de los ojos y de la boca. Suele ser mate, aunque existen pieles que, precisamente por su escasez de sebo, ofrecen un brillo tenso, tirante (en nada parecido al untuoso del cutis grasiento), que podríamos equiparar al del pergamino. El pH de esta clase de piel es más ácido de lo normal.

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Cutís graso


Más corriente en la juventud, pueden tenerlo también algunas personas que ya la dejaron atrás. Es de fácil reconocimiento por su aspecto oleoso, debido a la exagerada producción de aceites por parte de las glándulas sebáceas. Presenta poros dilatados, que le confieren el clásico parecido con la piel de una naranja, y puntos negros, especialmente presentes en nariz y barbilla, y que con frecuencia se infectan, formando espinillas que si proliferan demasiado pueden transformarse en acné. Esto es debido a que su pH tiende a la alcalinidad y carece de la adecuada defensa acida. Podría parecer que quienes tienen esta piel gozan de una especie de seguro de juventud, ya que el sebo que la recubre ha de impedir la formación de arrugas; pero ésta es una opinión muy discutible. En principio cabe la posibilidad de que retarde en algo la aparición de las arrugas puramente superficiales. Pero no ocurre esto con los verdaderos surcos de vejez, que dependen de la elasticidad de la dermis y que, contrariamente a una opinión bastante generalizada, es en estos cutis donde más se detectan, puesto que la textura de los mismos es gruesa, basta y, consiguientemente “pesada”.

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Cutis normal


Aunque parezca paradójico es, aparte el de los niños, el menos frecuente de todos. En él todas las funciones de la piel se desarrollan a buen ritmo, sin que las afecte tampoco ninguna anomalía de origen interior. Su aspecto es nítido y aterciopelado, y el color es saludable, con poros apenas visibles, y ausencia de arrugas, puntos negros, granos y escamillas. Es agradable al tacto y puede presentar un ligerísimo brillo en la frente, nariz y mentón, porque en estas zonas es normal que exista una mayor actividad de las glándulas sebáceas. Su pH suele ser de 5,50.

La piel de un niño constituye el claro exponente de un cutis normal, que, paradójicamente, es el menos frecuente de todos los cutis cuando la infancia se ha dejado atrás.

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DIFERENTES TIPOS DE PIEL


El diagnóstico de piel es uno de los datos más seguros para catalogar la valía de una esteticista. Aquella que lo acierta con un razonable margen de error (la estética, por muy avanzada que esté no es, ni pretende serlo, una ciencia exacta) puede ser considerada como una estimable profesional. Existen innumerables premisas determinantes de la naturaleza de cada tipo de cutis; pero como la intención de esta obra es la de orientar al público en líneas generales no vamos a profundizar tanto en la cuestión. Nos limitaremos a destacar una serie de características que ayuden a nuestras lectoras a formarse una idea lo más aproximada posible de cuál es su caso particular, aconsejándoles, eso sí, que antes de “autorrecetarse” un tratamiento de profundidad (del que ya hablaremos más adelante con detalle) procuren refrendar sus propias conclusiones con la opinión de una diplomada de reconocida solvencia (y ahora, afortunadamente, la mayoría lo son).

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