Diferentes tipos de piel Archive

Protección solar


La protección solar es indispensable a la hora de exponer la piel al sol, especialmente en verano. Pero la protección más completa y eficaz no termina cuando el sol cae, sino que continúa luego de la playa, la pileta o deporte al aire libre, cuando nuestra piel necesita regenerarse y reponer nutrientes y agua. Laboratorios Bagó desarrolló Bagóvit Solar Gel Post Solar, una fórmula que combina componentes nutritivos e hidratantes más necesarios para recuperar la piel y además, acentuar y prolongar el bronceado. y teniendo en cuenta las diferentes necesidades de cada tipo de piel, creó dos presentaciones, una para pieles normales y resistentes y otra, enriquecida con Aloe Vera, para las pieles más sensibles. De esta forma, Bagóvit Solar acompaña y protege la piel en todo momento, antes, durante y después de la exposición al sol.
Todos los Bagóvit Solar Post Solares contienen una delicada combinación de emolientes refrescantes en un gel hidro-disper-sable, que asegura una óptima penetración hidratante y sin sensación de grasitud. Restablecen la humedad y elasticidad que la piel pierde durante la exposición al sol, dejando la piel fresca, suave y humectada.

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Que no se enferme la piel


La piel es el órgano más grande de nuestro cuerpo y como tal no es ajena al funcionamiento del resto del organismo. Refleja toda problemática que se presenta, tanto física como emocionaimente, manifestándose de diferentes maneras, entre eiias con es-camaciones, enrojecimiento y picor. En la mayoría de los casos, la reacción aparece durante o después de un shock emocional.
El estado emocional negativo es uno de los factores principales que intervienen cuando nos alimentamos, generando toxinas durante el proceso digestivo que van directamente al órgano de la piel. Si bien todavía está en discusión cuáles son ios alimentos o bebidas que pueden empeorar la situación, no es lo que se come sino cómo se come lo que más nos enferma. Así como alguien se sonroja ante una situación vergonzosa o empalidece cuando se asusta o está en peligro, la mayoria de las personas con serios problemas en la piel han aceptado que cada vez que han estado de vacaciones, han logrado ver mejoras en sus lesiones. Además, las terminaciones nerviosas de todo el tracto intestinal, a través del sistema vegetativo o para-simpático, depositan en la piel las toxinas que no pudieron eliminar.
Porque la piel es el reflejo del estado de salud, es muy importante analizar los riesgos y beneficios de cualquier tratamiento de medicina tradicional o alternativa. Actualmente existen tratamientos alternativos, más cercanos a lo cosmetológico, sin corticoides, para pieles con escamas, cuarteadas, resecas y con picazón, incluyendo el cuero cabelludo, uñas, manos y los pies. Este nuevo concepto de fórmulas suma extractos naturales como los alfahidroxiacidos y las algas marinas, entre otros. El uso de gel de baño en lugar de los tradicionales jabones sólidos como el blanco garantiza no exponer la piel a los componentes cáusticos que disuelven la grasa natural que la recubre. Los mejores para la piel escamada son los que contienen extracto de avena.

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Alergias de la piel


Estas diferencias pueden estar motivadas por el temperamento. Pero, en gran parte, el estado físico, es decir, epidérmico-plástico, de la piel, depende del trato que se le otorgue a ésta y al organismo en general, según normas de higiene de vida tales como el cuidado en el comer, en el dormir, el empleo de cosméticos apropiados, etcétera.

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ALERGIAS EN LA PIEL


Es una sensibilización especial causada por sustancias en general inofensivas, pero que a ciertas personas les pueden producir trastornos que se manifiestan en forma de erupciones o rojeces en la piel, más o menos acentuadas y molestas (las alergias de carácter interno no nos interesan en este momento), pero generalmente de carácter transitorio. El dermatólogo debe buscar el agente sensibilizante y una vez descubierto, tratará de evitar los productos o elementos que lo contengan, con lo que el problema quedará reducido al mínimo.

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Cutis con problemas


Si observamos en la piel alguna imperfección más antiestética que las enumeradas hasta el momento, sea en forma de granos, ulceraciones o importantes defectos de pigmentación, por citar algunas, es evidente que nos encontramos ante un caso que, por determinarlo de una forma genérica y gráfica, se ha dado en llamar cutis con problemas. En determinados tratados de estética se circunscribe esta denominación al caso concreto del acné. No obstante pensamos que puede resultar interesante englobar en este apartado aquellas lesiones cutáneas más corrientes, entre las que presentan caracteres de origen patológico, con el fin de orientar a quien las padece hacia una racional ofensiva contra las mismas. Es preciso en estos casos otorgar nuestra confianza a la labor de equipo que con tanto éxito realizan el dermatólogo, el cirujano plástico y la esteticista. Pretender solucionar una enfermedad del tegumento (¡fuera pesimismos, que aquí nadie habla de gravedad, ni mucho menos!… un lunar podría ser considerado como enfermedad pigmentaria, y a pesar de ello, ¿cuan gracioso no resulta si se halla estratégicamente colocado?) con tratamientos ño individualizados resulta pueril a estas alturas, lo que para una persona es eficaz, puede ser del todo contraproducente en otra que aparentemente esté aquejada de la misma lesión; muchas anomalías cutáneas son reflejo de irregularidades internas, y éstas es el facultativo quien debe curarlas, dejando para la esteticista la labor complementaria de embellecer aquella piel que, gracias a su acertado tratamiento, está sanando. Para una mejor orientación, pero solamente para esto, es decir sin otro ánimo que el puramente orientativo, anecdótico si se quiere, vamos a esbozar las características más patentes de las anomalías cutáneas que, como antes comentábamos, pueden considerarse de orden patológico y, determinantes, por consiguiente, del “cutis con problemas”

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Cutis mixto


Posiblemente se trate del más frecuente de todos. La parte central del rostro es marcadamente grasa, mientras que el resto (parte externa de las mejillas, en torno de Jos ojos y el cuello) es seco en mayor o menor grado. Esta diferenciación de zonas es la más corriente, aun cuando no en todos los casos la grasa y la sequedad están distribuidas por el orden antes indicado. Teniendo en cuenta las orientaciones facilitadas para la identificación de los diferentes tipos de piel, no resulta difícil reconocer la que ahora nos ocupa.

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Cutis asfixiado


Podría decirse que cuantas personas vivimos en una gran ciudad poseemos, en mayor o menor grado, esta característica epidérmica. Posiblemente la expresión de “asfixiado” parezca excesivamente rotunda para la anomalía que vamos a describir. No obstante se trata de una denominación corrientemente usada en lenguaje profesional, más por su valor descriptivo que por su acepción intrínseca. Un cutis asfíctico puede ser graso o seco, desvitalizado o sensible. Esta anomalía aparece cuando la piel no realiza su labor respiratoria con plena libertad. La polución atmosférica, las cremas excesivamente grasas o, por el contrario, los productos demasiado re:ecantes que tantas veces se aplican como tratamiento de una piel grasa, siguiendo un antiguo y equivocado criterio, pueden entorpecer la normal fluidez de la secreción sebácea, con la consiguiente obturación de los poros. Por otra parte, en los cutis asfícticos puede deberse esta anomalía a la deficiente aportación de oxígeno que les acarrea un riego sanguíneo subepidérmico insuficiente. En todo caso, el resultado final es que la piel no respira satisfactoriamente. Este defecto se traduce en un aspecto granuloso, con diminutos quistes que no pueden eliminarse por presión, mal color y, en ocasiones, descamación. A primera vista podría confundirse la descamación propia de la piel falta de humedad, pero se diferencia de ésta en que las escamillas son de sebo endurecido, lo que podremos comprobar fácilmente si las comprimimos sobre una superficie dura.

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Cutis sensible


Se trata de pieles finas y delicadas que sufren con facilidad la influencia de agentes atmosféricos o factores emocionales. Con frecuencia están afectadas de caparrosa, que es la dilatación de los capilares o pequeños vasos sanguíneos de la dermis. Esta anomalía se caracteriza por la aparición de manchas rojizas, más o menos extensas y más o írtenos visibles según el estado físico y hasta psíquico de la persona. Se hacen más evidentes en ambientes en exceso caldeados, cerrados o con humo, pero también aparecen con el frío intenso o el viento fuerte, e incluso cuando una se excita, emociona, llora o, simplemente, se avergüenza (no es rubor, aunque en la mayoría de ocasiones se confunda con él). Generalmente las pieles sensibles son secas y deshidratadas, pero se dan casos de pieles grasas con acusada sensibilidad. Podemos encontrarlas en personas de todas las edades. Su origen puede ser fisiológico o motivado por un tratamiento cosmético equivocado, con productos de baja calidad o, simplemente, demasiado enérgicos para la piel a que nos referimos, en cuyo caso obrarían como agentes desencadenantes de un tipo de fragilidad cutánea latente, no evidenciada hasta el momento.

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Cutís extraseco


Esta clase de cutis reúne las determinantes de los dos casos comentados anteriormente. Se halla frenada —ostensiblemente frenada— su producción grasa y sudoral, y a la par todas sus funciones vitales (irrigación sanguínea, tensión de las fibras elásticas, equilibrio lípido de la hipodermis, etc.) se efectúan con anormal lentitud. Resultado: le falta vitalidad, es lo que podríamos llamar una piel envejecida. Pero, ¡cuidado! Si bien la edad es el determinante general de este cuadro, también podemos hallarlo en personas jóvenes que por motivos de salud, falta de cuidados, tratamientos inadecuados (como seguir ese consejo de aficionada: “tal tratamiento me ha ido estupendamente, ¿por qué no lo pruebas tú?…”, sin caer en la cuenta de que ella tiene un tipo de piel y “tú” otro muy distinto) tienen, a pesar de sus pocos años, un cutis prematuramente envejecido. Su aspecto es reseco, flaccido, ajado, con arrugas profundas y, en ocasiones, profundas ojeras o bolsas bajo los ojos.

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Cutís seco por falta de humedad


En esta ocasión podría sustituirse (y de hecho se sustituye en muchos tratados profesionales) el término sequedad, por el de deshi-dratación, puesto que en este tipo de piel es posible que las glándulas sebáceas cumplan perfectamente su misión. ¿Cuáles son, pues, los determinantes de este tipo de cutis? Existen muchos y muy variados, pero nos referiremos únicamente a dos, por considerarlos los más corrientes: el primero de ellos es una insuficiente secreción de las glándulas sudoríparas, que conlleva la lógica disminución del grado de humedad del manto emulsionado epicutáneo; el otro factor es la deshidratación fisiológica inherente a la vejez. No olvidemos que, por deficiencias de orden interno, disminuye con el paso de los años la capacidad de los tejidos para mantener su equilibrio acuoso, y que posiblemente es la piel el órgano que antes detecta este tributo a la marcha inexorable del tiempo. El aspecto del cutis seco por falta de humedad puede confundirse a primera vista con el del que lo está por escasez de grasa. Sin embargo, y a pesar de muchas particularidades comunes, existen síntomas diferenciantes de uno y otro. Es característico de las pieles deshidratadas su tono amarillento, la aparición de escamillas (como una caspa pequeñísima), así como la formación de unas particulares arruguitas que en ocasiones, y especialmente si tensamos la región afectada, dan la sensación de que van a resquebrajarse.

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