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Bronceado artificial


Bronceado artificial
Estudiando la incidencia de la luz solar sobre la piel, puede determinarse que sólo una parte muy reducida del espectro es capaz de provocar el fenómeno de la pigmentación, o sea, excitar alas células especializadas para que produzcan la melanina colorante. La parte activa del espectro es la comprendida entre las 290 y 400 milimicras (una milimicra es una milmillonésima de metro) y corresponde cromáticamente a la gama ultravioleta.
Esto ha llevado a la fabricación de lámparas capaces de emitir selectivamente esa radiación actínica. En las versiones profesionales que el instituto de belleza emplea suele asociarse también la gama de rayos infrarrojos —750 a 2 500 milimicras. Con esta disposición, los ultravioleta broncean y los infrarrojos calientan, componiendo entre ambos un efecto tónico más completo. De cualquier modo, también pueden utilizarse separadamente los dos tipos de radiaciones.
El objetivo clásico del “sol artificial” es conseguir sobre la piel la coloración sana propia de la vida al aire Ubre, y también los efectos tónicos y de reactivación celular consecuentes. Las sesiones de lámpara son progresivas y con tiempos muy precisos por la gran actividad de la radiación. Cabe distinguir las aplicaciones parciales de las totales, propias de un tratamiento corporal completo. La desecación que producen las radiaciones se aprovecha también para el tratamiento de afecciones propias de las pieles muy grasas, como el acné.
La sesión de “sol artificial”, constituye una de las prácticas más gratas a la paciente. Es una agradable caricia para el cuerpo y deja además una huella de salud y belleza sobre la piel. Pero, por encima de todo eso, importan los resultados de las radiaciones, mucho más profundos y considerables.

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