Archivos para octubre, 2010

Acerca del detector de mentiras


Un hallazgo asombroso
Para los desprevenidos que no tienen idea de lo que puede significar este hallazgo, la neuróloga Yoki Okado, de la famosa Universidad John Hopkins lo explica con bastante claridad: “En base a esta nueva investigación, creo que no es descabellado pensar que en un futuro no muy lejano, será posible fabricar un detector de mentiras basado en estas diferencias cerebrales. Hasta ahora, los polígrafos que utilizan las policías de todo el mundo, se basan en variaciones bastante subjetivas, como el pulso de una persona, supuestamente acelerado cuando está mintiendo. Y todos sabemos que existen quienes son capaces de engañar a este detector. Con este nuevo descubrimiento, eso será imposible”.

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Sobre la memoria…


Inducción y decepción
David Beversdorf, uno de los autores de la investigación, afirma que estos datos sugieren que “las falsas memorias visuales pueden ser inducidas de forma muy simple”. Según él mismo añade, “Muchas veces creemos haber escuchado que alguien dijo algo que ni siquiera insinuó. Ocurre que las personas son susceptibles de tener recuerdos verbales falsos. Por eso queríamos saber si la habilidad para provocar recuerdos falsos se extiende por debajo del sistema verbal, si también afecta al visual incluso cuando las imágenes no son verbalizadas. Parece que la capacidad para crear evocaciones que no son ciertas sí sobrepasa al lenguaje”. Esta investigación, presentada en un congreso de Neurociencia, se complementa con otras presentadas en este mismo evento. En este sentido, Daniel Schacter y Scott Slotnick, de la Universidad de Harvard (EE. UU.), llevaron a cabo un estudio similar. Pidieron a los participantes que recordaran si habían contemplado una serie de formas geométricas durante un visionado previo y, al mismo tiempo, relizaron un escáner de sus cerebros.
Los científicos afirman que, cuando los individuos reconocieron la imagen correctamente, un área visual de la corteza temporal estaba más activa que cuando se identificó de forma errónea. Por lo tanto, los resultados obtenidos parecen evidenciar que esta mayor activación tiene lugar en las áreas sensibles del cerebro y no en las más relacionadas con la memoria.

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¿Cómo trabaja la memoria?


Nuestra memoria nos puede mentir. Algunos objetos que recordamos haber visto, así como algunas palabras que pensamos haber escuchado, en realidad nunca existieron. Es probable que algún tipo de incitación hiciera que los almacenásemos en nuestra mente como si fueran ciertos. Pero, parece que se podrá llegar a detectar este tipo de engaños gracias a que el rastro de la verdad queda reflejado en las “fotos” cerebrales.
Con la intención de probar cómo en ocasiones almacenamos, como ciertas, imágenes que no hemos visto, expertos de la Universidad del Estado de Ohio enseñaron varias tandas de diapositivas a 23 voluntarios. Seguidamente les presentaron una selección de láminas para que los sujetos diferenciasen aquellas que ya habían visto de las que no. Como una especie de juego de la memoria, pero en lugar de utilizar cartas o fichas, el objeto a memorizar eran fotografías. La primera parte del test agrupó un total de 24 series de 12 imágenes en las que se mostraba un número variado de figuras geométricas con distintas posiciones, formas, colores, tamaños. A continuación, se enseñaron cinco láminas de las cuales dos habían sido presentadas en la primera tanda de diapositivas y dos no guardaban ninguna relación con lo visto y otra, el señuelo, sí la guardaba pero tenía un matiz diferenciativo. Un 98% de los participantes identificó las diapositivas que habían visto en dos ocasiones. Un 80% acertó a la hora de diferenciar las dos que no habían aparecido en la primera parte y cuya temática era bien distinta, pero un porcentaje altísimo -el 60%- se equivocó ya que creyó haber visto el señuelo.

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Hemisferio izquierdo


En la actualidad, la ciencia sostiene que una persona puede duplicar, triplicar y hasta cuadruplicar su capacidad mental, pero el problema es que la gran mayoría de las personas no sabe utilizar su mente a fondo. El cerebro tiene dos hemisferios: el izquierdo y el derecho. Si uno de los dos se “detuviera”, disminuiría el rendimiento mental. Lo que Ribeiro sostiene al respecto es que la educación -en todas partes del mundo- privilegia el desarrollo del hemisferio izquierdo, el que se dedica al pensamiento lógico y se caracteriza por la prudencia, en desmedro del derecho, responsable de la intuicion, la creatividad y el riesgo. El problema es que aprendemos a pensar con solo uno de los hemisferios cerebrales y desperdiciamos buena parte del organo mas importante que tenemos. Ambos hemisferi0os tienen funciones diferentes y procesan la informacion de manera diversa, pero para un desarrollo pleno ambos deben actuar de manera equilibrada y armónica.

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Don de la inteligencia


Ningún don
Según Ribeiro, nadie nace inteligente, pero sí con el potencial para lograrlo: “La inteligencia no es un don ni un privilegio, sino que se aprende “. A su entender, existen tres mitos en relación a la inteligencia. El primero postula que la inteligencia no varía, es siempre la
za con tener una adecuada alimentación para estar sanos física y mentalmente. Por último, que tenemos la edad que figura en nuestro documento. Con respecto a la inmutabilidad de la inteligencia, Ribeiro afirma que si bien la inteligencia tiene un componente genético, es sabido que son pocos, casi inexistentes, las personas que llegan a desarrollar totalmente su potencial cerebral. En ese sentido, el entorno cultural en que crece cada ser humano es decisivo en el desarrollo de las habilidades relativas al aprendizaje y el conocimiento.
En lo referido a la alimentación, el médico brasileño afirma que ése es un concepto caduco, dado que el nivel de contaminación ambiental a nivel mundial y el proceso de industrialización han disminuido casi por completo los componentes nutricionales. Por último, cada vez somos más conscientes de que no siempre la edad cronológica y la biológica marchan parejas. Nada tienen que ver las cirugías estéticas que logran que las madres parezcan más jóvenes que sus hijas, sino que hoy en día el envejecimiento está más relacionado con el estado del organismo antes que con el documento de identidad. Al respecto, Ribeiro asegura que en la medida en que uno consigue un mejor funcionamiento del cerebro, también mejora el estado de todo el cuerpo. Para ello es fundamental ponerlo a andar, hasta el último día de nuestras vidas. Pongamos un ejemplo de la vida real. A veces vemos profesionales de más de 70 años, con una lucidez y una vitalidad que más de un treintañero envidiaría. ¿En qué se diferencia de otra persona, inclusive menor, que hace tiempo está jubilado y se dedica a ver pasar la vida? En que dejó de usar la mente como lo hacía. La expresión “gimnasia mental” es bastante clara. Si uno deja de hacer gimnasia, el cuerpo se deteriora y, además, empiezan a dolor todos y cada uno de los huesos, músculos, articulaciones, tendones… Con la cabeza pasa igual. Si no se la usa, se oxida. El doctor Ribeiro asegura que el cerebro tiene participación activa, directa e indirectamente, en cada célula, tejido y órgano del cuerpo. Las neuronas son capaces de regenerarse permanentemente, hasta el último minuto de vida. Las reservas neuronales son tan inmensas que aunque perdiéramos de a miles, aún sería un porcentaje mínimo en comparación por la cantidad de que disponemos. Entonces, ¿por qué no las usamos un poco más?

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¿Que es la inteligencia?


Durante siglos se creyó que la inteligencia era una sola y consistía básicamente en saber mucho, recordar aún más y ser un genio de las ciencias y las matemáticas. Con el tiempo se vio que había fenómenos como el ajedrecista Bobby Fischer, con un coeficiente similar al de Einstein, un auténtico genio en su actividad profesional, pero incapaz de llevar una vida medianamente feliz. Por otro lado, todos conocemos el caso de alguien que de la nada ha logrado triunfar en la vida, tanto a nivel personal como económico, o aquellas personas que están lejos de ser brillantes pero que se han destacado en lo que han emprendido. Algo no cerraba. La duda estaba planteada y pronto empezaron a llegar las respuestas. A decir verdad, el debate sigue abierto y dando novedades en forma periódica. Ya hace tiempo que se sabe que hay distintas formas de ser “inteligente”. Hay quienes son geniales matemáticos, otros que tienen especial habilidad para relacionarse e interactuar y algunos se destacan gracias a su practicidad, su capacidad de organización o por su poder de convicción. Lo que sí se puede afirmar hoy en día es que hay diferentes maneras de ser inteligente, o mejor, de actuar con inteligencia. Luego vino el boom de la inteligencia emocional, que empezó -Ti-rarai-pista» wrraevai> a seguir.”Básicamente, esta teoría postulaba que de nada sirve tener un coeficiente intelectual superlativo si uno es dominado por las emociones. En cambio, si una persona con un coeficiente intelectual medio es capaz de controlar sus estados de ánimo, tiene más chances de ser feliz y de destacarse en su profesión, inclusive mucho más que el “genio”. Ahora, la ciencia ha ido un poco más allá, más exactamente de la mano del doctor Lair Ribeiro, autor del libro Inteligencia aplicada (Planeta). Este médico brasileño, radicado en Estados Unidos, afirma que la inteligencia no es innata, sino que se aprende. Que sólo es cuestión de practicar, de hacer trabajar un poco más el cerebro. Claro, alguno podría retrucarle que hay personas que nacen con discapacidades mentales irreversibles. Pero también es cierto que cuando los cuadros son leves, como sucede con mucha gente con síndrome de Down, la estimulación temprana, permanente y específica logra resultados prodigiosos. Más de uno ha podido escolarizarse satisfactoriamente y no son pocos los que hasta trabajan en tareas comerciales o administrativas, obviamente sencillas, pero remuneradas. Entonces… algo de eso debe haber.

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Inteligencia


Hace tiempo que se sabe que la inteligencia no se da del mismo modo en todas las personas. Una de las primeras voces de alerta la dieron
quienes hablaron de inteligencia emocional. Ahora hay quienes sostienen además que inteligente no se nace: se hace.

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Apuestas


El juego compulsivo es una adicción que está creciendo cada día más. Todo es estímulo alrededor de una persona proclive a las apuestas: las carreras de caballos, las ruletas, las máquinas tragamonedas, el póquer, los bingos, los billetes de lotería. La tentación afecta tanto a hombres como a mujeres. El sexo femenino tiene una compulsión muy particular hacia los bingos y las máquinas tragamonedas, dos juegos puramente de azar. Mientras, los hombres se inclinan más por los naipes, donde la suerte debe ser respaldada por la habilidad del participante. Otro dato curioso es el nivel social y económico de los jugadores compulsivos. Hay señoras que gastan dinero en el bingo y se privan de darle de comer a sus hijos. En el otro extremo, es posible ubicar en algún casino de moda elegantes señores -dueños de una privilegiada situación económica- despuntando el vicio de la ruleta con una copa del mejor champagne en sus manos.

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Rehabilitación


En la recuperación intervienen tres factores vitales: el propio individuo, su familia y el grupo de autoayuda. El enfermo que concurre a Jugadores Anónimos debe seguir un programa sencillo que ha demostrado ser muy exitoso en todo el mundo. Sin embargo, sin la honestidad del adicto ningún método es efectivo.
Los grupos de autoayuda son importantes por la experiencia de vida que ex-adictos pueden transmitirle a quienes sufren actualmente la enfermedad, sirviendo como un paradigma hacia el regreso a una vida normal, donde se pueden recuperar los valores afectivos, morales y materiales perdidos. Sin embargo, es muy difícil evitar la tentación de regresar al casino, el bingo, las carreras de caballos o lo que sea. Es muy común creer que una vez más el juego solucionará inconvenientes de índole financiero. En la mente del adicto la tendencia al dinero fácil permanece arraigada, es por eso que esta enfermedad se controla, no se cura en forma definitiva. Un cambio progresivo en el temperamento, sumado al aumento de la autoestima, el apoyo familiar y cumplir con los requisitos que establece Jugadores Anónimos es la única clave para evitar la recaída. Las fases que atraviesan los jugadores compulsivos son:
1- Ganancia: ganan con frecuencia y muestran un optimismo exagerado, convencidos de que su buena racha durará toda la vida.
2- Pérdida: luego de conocer la derrota muchas veces seguidas empiezan a mentir, ocultar las deudas, se vuelven irritables. Piden préstamos y son capaces de robar.
3- Desesperación: hay un fuerte aumento del tiempo y el dinero invertido en el juego. Las relaciones sociales, laborales y familiares están muy deterioradas, ya la propia persona asume que está en una situación caótica. En ésta fase los pacientes piden ayuda a profesionales o se acercan a grupos de autoayuda. Admitir la enfermedad es el primer paso hacia la recuperación del adicto.
Alcohol, juego y drogas conforman un trío que constituye un cóctel mortal para el ser humano. A tal punto llega la similitud, que Alcohólicos Anónimos y Jugadores Anónimos tienen el mismo programa de recuperación y la misma modalidad: el anonimato. Según Jugadores Anónimos, la reserva de la identidad les brinda la libertad de contar su historia de vida sin tener miedo a ser juzgado.En Estados Unidos, la psicoterapia grupal en jugadores es similar a la que se realiza con pacientes alcohólicos, aunque estiman que ambos grupos presentan diferencias claras. El alcohólico suele ser más pasivo, depresivo y perfeccionista, mientras el jugador patológico puede ser más competitivo, egocéntrico, hipomaníaco, extrovertido, intolerante y manipulador. Además del abuso de sustancias, muchos profesionales vinculan el estrés y las situaciones socioeconómicas críticas con la adicción al azar. Muchas veces el juego ocupa el lugar de la esperanza, distorsionando mecanismos sociales como el trabajo. Por ejemplo, personas de escasos recursos eligen apostar al juego como un medio para ganar dinero, ignorando que so-cialmente la forma de obtener divisas es a través del esfuerzo laboral. En otros casos, el azar sirve como un mecanismo para evadir los problemas familiares, económicos, laborales y sociales. Pero cuando frena la ruleta, estos conflictos sólo se agrandan.

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Ludopatia


Es complejo establecer que un individuo con determinadas características puede convertirse en un ludópata. Aunque los jugadores compulsivos suelen ser inmaduros, inseguros emo-cionalmente, tienden a la autodestruc-ción y viven en un mundo de sueños, donde el juego cumple sus expectativas. ¿Por qué empiezan a jugar? La búsqueda de sensaciones y la soledad serían los motivos que llevarían hacia la “timba”. Sin embargo, es difícil determinar el momento exacto en que una persona deja de ser un jugador que corre el riesgo de convertirse en ludópata, para pasar a ser un ludópata propiamente dicho. Esto se debe a que la transición es progresiva. Una persona tiene un trastorno con el juego cuando:
• Cree que tiene habilidades especiales para vencer en el juego de azar, cuando en realidad en este tipo de eventos no importa la destreza de la persona.
• Cree que tiene mucha suerte.
• Aumenta la frecuencia de juego.
• Aumenta las pérdidas y el grado de endeudamiento.
• No le interesa lo que ha perdido, sólo recalca su victoria.
• El juego le produce insomnio.
• Juega para olvidar sus problemas cotidianos.
• Participa con la falsa ilusión de recuperar lo que ayer perdió.

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