Archivos para mayo, 2010
Adelgazar con pastillas
Se puede adelgazar con pastillas.
Rotundamente, no. Existen pastillas que ayudan a reducir el apetito, pero su eficacia se limita a unos tres meses y, además, poseen efectos secundarios nada recomendables. Peor aún resultan los laxantes, diuréticos, derivados de anfetaminas y ansiolíticos que se comercializan bajo el falso slogan de “adelgazantes“. Lo único que adelgaza, a la larga, es la combinación de dieta y ejercicio y estos pseudomedicamentos sólo ponen en juego nuestra salud.
Embarazo y alimentacion
Las embarazadas deben comer por dos….
Aunque es cierto que en el útero de la mujer embarazada se está gestando una nueva vida, no es necesario aplicar la máxima de que la mujer debe comer por dos. Es más, el hecho de aplicarla puede resultar perjudicial para la salud tanto del feto como de la madre. Se considera que un embarazo normal admite un aumento de peso no inferior a los 8 kilos ni superior a los 10 y que sólo durante el último trimestre es cuando la madre aumenta, hasta en un 25 por ciento, sus necesidades energéticas.
Historia de la moda siglo xv
Historia de la moda siglo xv.
LAS COTAS Y CAPUCHONES.
Una prenda varonil, de valor defensivo y militar, fue la “cota de mallas”, auxiliada por el yelmo, provisto de nasal, y que luego derivará en la armadura del caballero. También debe citarse, por su proyección importante en el periodo siguiente, el “capuchón”, que en Roma igual había servido de vestimenta de viaje que de capa de esclavos, dando origen después a la “casulla” eclesiástica. En el Románico, la capa cerrada con capucha no es solamente ornamento sagrado, sino abrigo de pastor y peregrino. En el siglo xn aparece el “capillo” o “esclavina” corta con capuchón de punta muy aguda, caída sobre la espalda, que perduró hasta fines del siglo xv.
La cota de mallas era una armadura defensiva de cuero, guarnecida con piezas de hierro, cuyo valor militar se completaba con un yelmo provisto de nasal (superior!. El Ímpetu del caballero contrastaba con la dulzura de la dama, que en señal de sumisión al marido se cubrió la cabeza durante toda la Edad Media, dejando sólo a las vírgenes llevar los cabe los tendidos, coronados por una diadema ípágino siguiente!
Historia de la moda de la Edad Media
Historia de la moda de la Edad Media.
Bizantinos son igualmente los atavíos con que se reviste la representación de los santos en el primer periodo de la Edad Media. Sin embargo la púrpura llamativa, la pedrería y el oro de Bizancio fueron cediendo el paso al colorido preferente de la iconografía románica: colores primitivos y puros como el azul cielo, el verde prado y el rojo vivo.
La moda en la historia
La moda en la historia:
Las bragas cortas, heredadas de la Galia, fueron desapareciendo paulatinamente, mientras tomaban cuerpo en la Edad Media Románica, los calzones largos, propios de los germanos, quienes usaban además, como ya hemos visto, pieles y vestiduras de lino o lana.
Recordemos que la vestidura germana se parecía a la túnica romana, aunque más corta, llevando mangas largas y flotando suelta, en principio, recogiéndose más tarde por medio de un cinturón. También llevaban los germanos una especie de capa, como la clámide griega, que se abrochaba sobre el hombro derecho. Esta norma, bastante difundida, no impide que la túnica larga y la capa bizantina reaparezcan frecuentemente, sobre todo en ocasiones solemnes.
La historia de la moda
El estilo románico.
La Antigüedad no había conocido las bragas o calzones, hasta que Roma tuvo noticia de esta prenda por medio de los predilectos galos del centro de Europa. Ya sabemos que la hermosa Galia, una vez conquistada por César, fue el puesto de avanzadilla en la expansión cultural de Roma, por Occidente. Y hasta qué punto impresionó a los romanos el nuevo indumento se puede calibrar por el hecho de que sirviera precisamente para denominar al país conquistado, que fue la Gallia Braccata. Roma aceptó poco a poco esta prenda y en tiempos de Diocleciano aparecieron los primeros sastres, apellidados “fabricantes de bragas”.
Pero los calzones germanos eran más largos y, como hemos indicado, cubrían las piernas. Posiblemente tuvieron su origen en Persia, de donde lo más probable es que se extendiesen a la Dacia, y de allí a los marcomanos y escitas. Esta difusión determinó que Cicerón se adhiriera también a la denominación citada anteriormente como apelativo general para los pueblos que no entraban en el área del poder romano, a los que llamaba Braccatae nationes, o sea, “naciones que llevan bragas”.
Túnica de tipo germano
A lo largo de la Edad Media se impuso la túnica de tipo germano, que se caracterizaba por sus mangas largas. Al principio se llevaba suelta, basta que se generalizó la costumbre de abrocharla con cinturón. Otro indumento germano fue una especie de capa que se abrochaba sobre el hombro derecho. Esta miniatura del Registrum Gregorii representa al emperador germánico del s. X Otón II.
Etiquetas: tunica alba, túnica germano, tunica media, tunica romanoModa romana antigua
El estilo románico.
LA “GALLIA BRACCATA”
El estilo románico tuvo su esplendor del 800 al 1200, tomando su nombre de la Roma clásica, aunque los bárbaros germanos contribuyeran también notablemente, por lo menos en un cincuenta por ciento, a su formación, expansión y desarrollo.
En arquitectura se apoya en las lineas horizontales, el arco de medio punto y los muros gruesos, rasgados por ventanas pequeñas, como elementos esenciales. En lo referente al vestir un nuevo principio, ya aludido, entraría en liza de primer orden: la valoración de las piernas masculinas.
El lujo y derroche de la corte del emperador bizantino Justiníano I, quien en el año 552 introdujo en Constantinopla la cría del gusano de seda, elevó a categoría de mito el empleo de las sedas orientales. En la foto, fragmento del mosaico de San Vital de Revena, que representa a Justiniano I y su corte.
Historia de la moda antigua
Historia de la moda antigua.
La funcionalidad germánica.
Mientras que el traje cesáreo se complicaba en Bizancio, los pueblos germanos, que tanto inquietaban a las fronteras romanas de Occidente, hacían gala de un traje sencillo y modesto, el cual antes obedecía a las exigencias de la comodidad que a las normas aparentes de la estética o de la vanagloria.
Si nos fiamos de Tácito, los hombres llevaban pieles abrochadas sobre los hombros, y las mujeres una vestimenta de lino sin mangas. También aquéllos usaban, según las ocasiones, túnicas de lino o de lana, parecidas a las romanas, aunque más cortas y ágiles, cubriéndose las piernas con unos “calzones”, que los historiadores consideran como hito capital en la evolución de la indumentaria. En una palabra, el vestido germánico significaba una aportación de novedad funcional y dinámica frente a los últimos indumentos de la Antigüedad, ya en estado declinante, cuyos lujos superfluos habrían de ejercer no poca fascinación en los gustos primitivos de los pueblos invasores.
Moda grecia antigua
El lujo de Bizancio.
De la austeridad “en lana” inicial se fue pasando a tipos de lujo deslumbrante a medida que Roma se enriquecía, cristalizando esta magnificencia en el imperio romano de Oriente y en su corte bizantina, donde tenían más a la mano las suntuosas sedas orientales.
San Juan Cnsóstomo habla del traje en seda, adornado con cabezas de dragón, del emperador Arcadio, mientras recomienda austeridad a los jóvenes que deseen consagrarse a Dios. Más tarde, en 968, el obispo Liutprando habría de escandalizarse del iujo y derroche de Constantinopla, donde “el soberano llevaba cabellos largos, vestiduras de grandes mangas y un tocado de mujer”. Le complacía, en cambio, el rey de los francos, “con hermosa cabellera corta y ropajes completamente distintos de los de las mujeres, comprendido el sombrero”. Pasados algunos siglos, en el xiv, el escándalo se produce en sentido contrario, por subrayar demasiado las mujeres las gracias de su sexo, como más adelante veremos.
La prenda base del indumento antiguo fue la tunica, que las patricias usaban acompañada de un gran manto que les cubría cabeza y cuerpo fragmento del Ara Pacis Augustas o altar de la paz de Augusto, del s. I a. C„ en el que vemos a Julia, hija de Augusto.









