Buen aliento
El aliento.
Algunos poetas nos hablaron del agradable aliento de su dulce amada y, en su euforia amorosa, lo compararon con diamantes y rubíes. Tal fue el caso de Rostand, en Cyrano de Bergerac.
Quizás aquella mujer enamorada fue lo suficientemente astuta como para atraerlo masticando algo que refrescara su cavidad bucal. No nos cabe duda. Un aliento todo lo más que puede proporcionar es no oler mal. Otra cosa es el hálito de vida, que debe ser sinónimo del respirar, del aliento vital, para el poeta.


