Archivos para febrero, 2009

Malformaciones congénitas


Malformaciones congénitas
Las malformaciones congénitas, o deformidades de origen congénito, son sumamente frecuentes, calculándose el porcentaje global de las que se descubren al nacer entre un 1 y un 1,5%, tasa que se eleva al 5 o 6% si se toman en consideración las que se manifiestan en el curso de la infancia, durante la adolescencia o la edad adulta. Nada parece indicar en el momento actual que este porcentaje vaya en aumento. Es lógico, sin embargo, que su número absoluto se eleve, debido a la disminución de la mortalidad perinatal.

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CIRUGÍA REPARADORA


CIRUGÍA REPARADORA
En su aspecto de cirugía reparadora, la cirugía plástica es predominantemente funcional, procurando al mismo tiempo favorecer el aspecto externo del paciente. Así pues, su misión es lograr la integración en la sociedad de todas aquellas personas que presenten una deformidad, bien sea de origen congénito o adquirido. La etiología de estas deformidades puede ser muy variada, siendo sus principales causas las siguientes: congénitas, traumáticas, adquiridas, tumorales e infecciosas.

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La cirugia plastica


Pero el auténtico nacimiento de la cirugía plástica hay que situarlo en los años posteriores a la primera guerra mundial, años en los que se planteó a la humanidad entera el grave problema de admitir en el seno de la sociedad a cientos de miles de personas deformes, auténticos monstruos, que mantenían viva la llama y la esperanza de poder algún día ser reconocidos y mirados sin repugnancia, como hijos, como esposos, como padres, como seres humanos-Fue a partir de esos años y gracias al perfeccionamiento de otras especialidades médicas, como la anestesia, y al continuado descubrimiento de los antibióticos, cuando la cirugía plástica adquirió un gran desarrollo. Tras la segunda guerra mundial la humanidad tomó plena conciencia de la importancia y necesidad de aquella nueva especialidad quirúrgica, cuya incesante evolución continuó tanto en el campo práctico, con descripción de nuevas y cada vez más ingeniosas técnicas, como en el campo de la experimentación, con aplicación de los materiales aloplásticos, materiales realmente trascendentes al ser tolerados por el organismo sin ningún fenómeno de rechazo.

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Historia cirugia plastica


HISTORIA
La idea de reconstruir las deformidades de los tejidos y corregir las distorsiones corporales, así como el deseo de mejorar los defectos de la forma humana, probablemente es tan antigua como la civilización. Quizá la referencia más antigua que tenemos a este respecto se remonta a los hindúes (4000 a. C), los cuales, impresionados por los inconvenientes públicos de gran número de seres desnarigados o desorejados, como resultado de castigos por transgresiones morales, intentaron corregir las deformidades y defectos parciales mediante vagos procesos de “pegar” tejidos a las partes afectadas. Fue ésta la primera sociedad que concibió la necesidad de una cirugía reparadora como un avance social. Posteriormente los egipcios (2000 a. C.) realizaron auténticas intervenciones de cirugía estética sobre labios, barbilla, orejas, narices y mamas. Y ya en nuestra era grandes hombres, como Celso y Galeno, practicaron y describieron métodos para corregir mutilaciones de orejas, párpados, narices y mamas, realizando incluso intervenciones sobre la forma humana que hoy se conocen como intervenciones estéticas.

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Cirugía plástica


Desde muy antiguo se encuentran ya referencias a diversas prácticas de cirugía, utilizando para ello técnicas apropiadas, como el empleo de vendajes. La rinoplastia, o reconstrucción quirúrgica de la nariz, fue una de las operaciones más frecuentes. Miniatura de un manuscrito bizantino del s. X. Biblioteca Laurenziana, Florencia.

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Cirugia plastica y estetica


Sin embargo la separación entre estas dos ramas no es tan precisa, ya que la cirugía reparadora, además de tratar la función, procura así mismo una corrección de la forma, en el sentido de que la apariencia física del paciente malformado o deformado sea lo más natural posible. Por lo mismo, la cirugía estética no podrá poner sus miras sólo en la belleza, sino que también tendrá en cuenta la función propia de la parte del organismo a tratar.
La trascendencia social de la cirugía plástica es, por lo dicho, sumamente importante, no sólo por corregir deformidades congénitas o traumáticas y restaurar la función de un miembro cuando ésta se encuentra disminuida, sino también por buscar incansablemente la armonía y belleza humana, cuya falta o disminución pueden producir auténticos complejos, preocupaciones e inhibiciones, tanto en la vida social o vida de relación como en el aspecto profesional. Valga como ejemplo de esto último la ya comentada coletilla “buena presencia”, que aparece siempre en los anuncios para cubrir puestos de trabajo que requieren un contacto directo con el público.

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CIRUGÍA PLÁSTICA


CIRUGÍA PLÁSTICA REPARADORA Y ESTÉTICA
La cirugía plástica, o cirugía de la armonía y de la función, comprende dos ramas: la cirugía reparadora y la cirugía estética. Esta diferenciación es clara, aunque no es posible trazar una divisoria tajante entre ambas que abarque todos los casos y todas las intervenciones posibles.
De una parte la cirugía reparadora procura un restablecimiento de la función cuando ésta se encuentra disminuida por malformaciones congénitas, deformidades postraumáticas, etc. De otra, la cirugía estética se considera como la cirugía de la forma, de la silueta y de la belleza, siendo su principal objetivo el remodelado y mantenimiento de la belleza humana.

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Causas obesidad


Calorías
Al hablar de la obesidad ya hemos adelantado algo respecto de las calorías. Digamos ahora que cada alimento tiene un valor calórico propio. Así, por ejemplo, la mantequilla suele dar 8,60 calorías por gramo; el maíz, 3,70; el pan blanco, 2,74; el queso, 2,4; el huevo, 1,6; las patatas, 1; la leche, 0,70; la naranja, 0,33 y la lechuga, 0,20. Como es natural, estas cifras son solamente aproximadas, ya que el valor en calorías de cada alimento depende de su estado de frescura, de su procedencia, de su clase o raza, de la alimentación que ha recibido (caso de las carnes y leches), etcétera.
Podemos definir un alimento como todo aquello que, absorbido por el organismo, es capaz de: a) proveer al cuerpo de materiales que den energía (calor, trabajo); b) capacitarle para crecer o reparar su desgaste, y c) proveerle de sustancias reguladoras de las funciones energética y reparadora (vitaminas, minerales).
Hay muchas clases de alimentos. Sin embargo se les puede agrupar en tres grupos básicos:
a) productores de energía, que son, fundamentalmente, las grasas y los azúcares.
b) reparadores y de crecimiento, especialmente las proteínas.
c) minerales y vitaminas.
El ama de casa debe conocer que al primer grupo pertenecen la manteca, la mantequilla, los aceites, etc., como grasas; y los cereales (pan, arroz, etc.), la patata, el azúcar, etc., como azúcares. Las proteínas se hallan principalmente en las carnes, los pescados y los huevos. Los alimentos que aportan de modo primordial vitaminas y minerales, son las frutas, las verduras y el agua.

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Sobrepeso


Localización de la obesidad
Muchas personas se quejan de que su obesidad se manifiesta preferentemente por acumulaciones de grasa en determinados lugares de su cuerpo. Esto ha dado pie a clasificar la obesidad en diversos tipos, especialmente en dos: el tipo “androide” sería aquel en el que la grasa se acumula preferentemente en el tronco (cuello y parte superior del dorso, abdomen), y el tipo “ginoide” aquel en el que la grasa se asienta con preferencia en muslos y caderas, nalgas, etcétera.
En realidad existen numerosos tipos intermedios y la obesidad depende, en gran parte, del tipo constitucional de cada persona. Así, los asténicos que engordan suelen acumular grasa en el abdomen, mientras que los pícnicos la acostumbran a repartir por todo el tronco.
En muchos casos las acumulaciones de grasa en determinados lugares son, como más arriba hemos dicho, acumulaciones de adiposis. En otros casos hay que discriminar si se trata de hinchazón debida a la grasa o bien a otras materias, como agua (caso de las insuficiencias venosas, que dan lugar a la hinchazón de piernas y tobillos) o aire (caso del abdomen distendido por gases, en los tan corrientes meteorismos por aerofagia).
Todas estas circunstancias tienen que ser consideradas por especialistas competentes, a fin de tratar cada caso de manera apropiada.

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Celulitis


Celulitis
La expresión “celulitis” está mal empleada, porque no suele referirse a una inflamación del tejido celular subcutáneo, sino a un depósito de tejido adiposo encerrado entre tractos fibrosos, que da la sensación de “piel de naranja” al ser pellizcado. Propiamente debería de llamársele adiposis, añadiendo casi siempre el calificativo de dolorosa, ya que la mayor parte de pacientes que la presentan notan dolor cuando se les palpa las zonas afectadas.
Con un tratamiento correcto de la obesidad desciende mucho la adiposis de las pacientes (casi siempre se trata de pacientes femeninas, ordinariamente poseedoras de una piel muy fina). Sin embargo no suele desaparecer totalmente, por lo que se ha preconizado el tratamiento local con masajes y, en algunos casos, el uso local de sustancias destructoras del tejido fibroso, pero que no deben de ser utilizadas por vía general sin conocimiento del facultativo correspondiente.

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