Proteger la piel de la mujer
Existen términos y palabras que, por usarlas frecuentemente en charlas familiares e intrascendentes, las aplicamos con gran despreocupación y llegamos a desfigurar poco a poco su verdadero sentido. Esto ocurre en todos los niveles de conversación, pero como ahora estamos tratando de belleza, nos circunscribiremos solamente al lenguaje “cosmético“. Y, desde luego, con la mera intención de “aclarar ideas”, no con pretensiones didácticas, ya que esta obra no es, ni pretende ser, “cátedra de nada”. Concretamente, nos referimos a la expresión “nutrir“, tan repetida cuando se habla de tratamientos faciales y muy particularmente al hablar de cremas. ¿Verdad que casi siempre la asociamos con algo oleoso, lubrificante, graso en su idea fundamental? Y no debiera de ser así.
Nutrir es sinónimo de alimentar. Pues bien, para lograr una alimentación bien equilibrada hay que tener presentes infinidad de sustancias de alto valor energético, que se combinan entre sí. No hay que descartar la aportación grasa, desde luego, pero su labor es secundaria y condicionada al resto de elementos antes referidos. Y este principio vale igual para la nutrición del organismo en general que para la de la piel en particular. ¿Qué es, entonces, una crema nutritiva? Pues, sencillamente, aquella que está formulada a base de un elemento, al que se llama “vehículo” porque facilita su penetración hasta los planos más profundos, y de unas sustancias activas que equilibran las deficiencias de metabolismo, regulando las carencias o disfunciones del proceso vital.
