Cuidados en cutis normales y grasos
Podríamos alargarnos con otras consideraciones de tipo técnico en contra del uso del jabón de tocador como desmaquillante facial, pero pensamos que lo dicho ya explica suficientemente su exclusión. Vamos, pues, a tratar sobre los jabones especialmente formulados para el rostro. Existen pides normales, grasas y con tendencia al acné, a las cuales beneficia, si no cotidianamente, sí de vez en cuando, según los casos, la acción desengrasante y refrescante de un jabón adecuado. Como también hay personas para las que “un buen enjabonado” les proporciona tal placer que merece la pena buscar el medio de facilitárselo, siempre que no sea a costa de una secuela perjudicial. A tal fin se han ideado los llamados jabones cosméticos, casi siempre presentados en forma de gel o loción, en los que se ha procurado conseguir una reacción neutra o ligeramente acida, con escasos agentes espumantes, casi total ausencia de perfume, y algún producto desinfectante de origen vegetal. Pero su uso está limitado a los tipos de piel que citaremos.
Para cutis normales: (sustituyendo la leche limpiadora, una o dos veces por semana).
Para cutis grasos: (en sustitución de la leche limpiadora, a mañanas alternas).
Para cutis con tendencia al acné: (siguiendo en este caso las instrucciones de la esteticista).
Un buen sistema para aplicar la loción jabonosa es valerse de una brocha de pelo muy suave (las hay especiales en el comercio y también sirven los cepillitos que se emplean en la higiene del recién nacido). Una vez humedecida con el producto, pasaremos delicadamente la brocha por el rostro y el cuello, insistiendo ligeramente en la frente, nariz y mentón, que acostumbran a ser las zonas más grasas. Seguidamente procederemos a enjuagarnos con abluciones de agua fría o ligeramente tibia. El secado lo haremos mediante una servilleta de celulosa o una toallita de desmaquillar.
Si este sistema nos irritara algo la piel, convendría sustituir el cepillado por la acción rotativa, ascendente y hacia fuera de las yemas de nuestros dedos. Pero el enjuague y secado debe ser el normal. En todo caso podemos alternar las dos formas de aplicación entre sí, según como responda nuestra epidermis.
