Aparatos para la belleza y estética de la mujer
Generador de alta frecuencia provisto de distintos electrodos: “peine” para tratamientos del cuero cabelludo (1); rodillo de efectos sedantes (21; varilla para masaje indirecto (31; electrodo de curvado especia/ para tratamiento del cuello (41; electrodos en forma de hongo para el rostro (5) (6); mango portaelectrodos (7).
En este caso se denomina electrodo al elemento “puente” de que se sirve la esteticista para la racional utilización del aparato, teniendo en cuenta el efecto respectivo que pretende obtener del mismo. Si, por ejemplo, busca una acción meramente desinfectante, acoplará al mango una varilla de vidrio en forma de hongo, que deslizará por el rostro de la paciente, sin interposición de crema alguna. Si lo que pretende es estimular, levantará ligeramente el electrodo e irá percutiendo con suavidad sobre la zona que interese activar. Para ayudar a la penetración de un producto pasará el “hongo” de vidrio por el cutis, previamente ungido con la sustancia en cuestión.
Existe un electrodo, al que se llama rodillo (en realidad su forma explica gráficamente el porqué de tal denominación), que, debido a su fabricación especial, actúa como sedante en pieles sensibles, con caparrosa o aquejadas de alguna irritación pasajera. En este caso sus efluvios son de color anaranjado, debido a la presencia de gas neón.
Con ayuda del aparato de alta frecuencia se realiza así mismo una maniobra especial, denominada tratamiento indirecto, para la cual se acopla al mango una varilla que es sostenida por la paciente. En esto caso son las manos de la esteticista los verdaderos “electrodos”, al formar lo que podríamos denominar un campo eléctrico. Durante los breves minutos (no más de 10) que dura esta manipulación, la esteticista ha de practicar el masaje adecuado al tipo de piel que está tratando, a la que proporcionará, de este modo, una estimulación profunda de su actividad celular. El masaje indirecto suele incluirse dentro de los tratamientos periódicos de regulación de pieles flaccidas, desvitalizadas, asfícticas o extrasecas, empleando para cada caso la crema adecuada a sus características individuales.
