La mujer, símbolo de vida y de belleza
ESTETICISMO
El alma femenina parece tener tantos estratos como la misma piel que la recubre y separa del ámbito que la rodea. Souventfemme varié, bienfol est qui s’yfie, dice un dístico grabado en una de las vidrieras del castillo de Chambord, paráfrasis del conocido verso de Virgilio varium et mutabile semperfemina. Estas frases, con las que se intenta definir los frecuentes estados de mutación anímica y corpórea de la mujer, ponen de relieve lo complejo del ser femenino, siempre cambiante.
Madre o venus, objeto de devoción o de deleite, la mujer parece escindir su alma y sus afectos entre esa doble función. Pero debiéramos renunciar a la idea de que nació esclava y de que su historia es una lenta progresión a modos de vida más soportables. Los vestigios más remotos de la historia de la humanidad no demuestran la supremacía del hombre sobre la mujer. E incluso algunos antropólogos, al estudiar los privilegios de la mujer en el seno de determinadas sociedades, han formulado la hipótesis de la existencia de un estado en la evolución social caracterizado por la cultura matriarcal, en la que el dominio del grupo estaría ejercido por la mujer. Cierto o falso, de lo que no cabe duda es de que la mujer ha tenido en la historia una nada desdeñable importancia al lado del varón.


