INTENCIÓN
Si retrocedemos unas décadas, pocas, podremos comprobar que era muy reducido el número de mujeres que por aquel entonces prestaban atención al cuidado y mantenimiento de su belleza, tanto facial como corporal, de una forma sistemática y, sobre todo, racional; concretamente podríamos englobar en este reducido grupo a las que pertenecían a estratos sociales muy elevados (las “VIP” de ahora), y también a las que, por imperativos de su profesión, relacionada con el arte o con la moda, les era preciso conservar su atractivo físico durante el mayor periodo de tiempo posible. Casi todas las demás se conformaban con el aspecto que les había “caído en suerte”, valorado quizá con ligeros y esporádicos retoques no siempre acertados, puesto que la mayoría de las veces se basaban en inefables recetas caseras o en tratamientos genéricos que, si para algunas podían resultar adecuados, para las más eran inútiles o incluso nocivos.
Esta situación, afortunadamente, está ya plenamente superada. En la actualidad la belleza se halla al alcance de todas las mujeres, sea cual fuere la esfera a que pertenecen, y sea también cual fuere el grado de perfección con que las ha dotado la naturaleza. Es cuestión tan sólo de lógica y fuerza de voluntad.
