Cutís seco por falta de humedad
En esta ocasión podría sustituirse (y de hecho se sustituye en muchos tratados profesionales) el término sequedad, por el de deshi-dratación, puesto que en este tipo de piel es posible que las glándulas sebáceas cumplan perfectamente su misión. ¿Cuáles son, pues, los determinantes de este tipo de cutis? Existen muchos y muy variados, pero nos referiremos únicamente a dos, por considerarlos los más corrientes: el primero de ellos es una insuficiente secreción de las glándulas sudoríparas, que conlleva la lógica disminución del grado de humedad del manto emulsionado epicutáneo; el otro factor es la deshidratación fisiológica inherente a la vejez. No olvidemos que, por deficiencias de orden interno, disminuye con el paso de los años la capacidad de los tejidos para mantener su equilibrio acuoso, y que posiblemente es la piel el órgano que antes detecta este tributo a la marcha inexorable del tiempo. El aspecto del cutis seco por falta de humedad puede confundirse a primera vista con el del que lo está por escasez de grasa. Sin embargo, y a pesar de muchas particularidades comunes, existen síntomas diferenciantes de uno y otro. Es característico de las pieles deshidratadas su tono amarillento, la aparición de escamillas (como una caspa pequeñísima), así como la formación de unas particulares arruguitas que en ocasiones, y especialmente si tensamos la región afectada, dan la sensación de que van a resquebrajarse.
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